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D.O. Rias Baixas

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La D.O Rias Baixas es la más occidental de todas las zonas vinícolas españolas. Con un clima atlántico suave, es el lugar ideal para que la albariño se manifieste con plena intensidad.

Llama la atención el carácter minifundista de las explotaciones, de tal manera que, una zona de producción de 3.700 hectáreas, cuenta con más de 6.500 viticultores lo que, de manera genérica, nos induce a pensar en una zona donde abundan las cooperativas y las bodegas de escueta producción (125 bodegas de un total de 180 producen menos de 50.000 litros).

De las cinco zonas de producción existentes, es el Valle de Salnés la más grande en extensión de viñedo y en producción vinícola con algo más de 12 millones de kgs de uva vendimiada. Mientras que el Condado se consolida como segunda área con un volumen de vendimiado superior a 4 millones de kilos. O Rosal es la tercera en importancia, con algo más de 2 millones y medio de kilos y, ya, a gran distancia, le siguen las dos últimas zonas en incorporarse al Consejo Regulador, Soutomaior (1996) con algo más de 50.000 kgs y Ulla (2000) con cerca de 400.000 kgs. La historia del viñedo de Rias Baixas se encuentra jalonada por luces y sombras. Convertida en Consejo Regulador en el año 1988 pasó a denominarse Rias Baixas en vez del anterior apelativo de Albariño, atendiendo a una directriz de la Comunidad Económica Europea que obligaba a las zonas de elaboración de vino de calidad a adoptar una nomenclatura de localización geográfica.

camino

Desde el principio se definió como un producto sencillo pero franco, con lo que se consiguió aupar a la cumbre en ventas, principalmente porque el mercado de vino blanco en España tampoco es que diera para mucho más y, ya se sabe, en el país de los ciegos... Durante una década dominó el mercado hasta que empezó a caer en una anodina unificación de condiciones, los vinos que habían llamado la atención por su franqueza y su frescura pasaron a presentar un idéntico perfil, una cansina uniformidad de características que acabó derivando en aburrimiento y hastío para el consumidor.

Además, en el resto de España comenzaban a realizarse elaboraciones de vino blanco que sacaban los colores a los albariños: Rueda, Penedés, Somontano... empezaban a desperazarse y a mostrar trazas de vinificación con criterios de calidad por encima de los pontevedreses.

Evolucionar o morir, y la evolución comenzó a mostrarse con el nuevo siglo. Mejor tratamiento de la materia prima, mejores criterios vinificativos, mejores medios en la bodega. En resumen, más medios y más conocimientos se traducen en un albariño como nunca se había realizado antes, más sutil, más cuidadoso y de más calidad.

Pero aún faltaba un pequeño impulso, una vuelta de tuerca más. la que otorga los vinos albariño fermentados en contacto con sus lías y mantenidos durante meses en depósitos de acero inoxidable. Estos albariños exiben una gama organoléptica muy superior a sus hermanos más jóvenes. El vino gana en estructura y en matices preservando intactas las virtudes de la juventud: frescura y carácter frutal. En definitiva, le hacen mucho bien a los albariños, eso sí, el precio a pagar es el de la paciencia, ya que comienzan a desplegar sus bondades tras, al menos, un año en la tranquilidad que le proporciona la botella, lo cual sumado al año que pasan en depósitos hace que deban consumirse al menos dos o tres años después de su año de vendimia.

Queda por ver para un futuro próximo como se desenvuelve el albariño sometido a la crianza en barrica de madera. Los flirteos de la gallega con la estaca inducen a pensar que el camino va a ser largo y enrevesado, conseguir que la untuosidad de la madera no fagocite la frescura y sutileza varietal se antoja difícil, pero el inicio del camino trazado por algunos viticultores tiene muy buena pinta.

Se nota dinamismo en las Rias Baixas, y eso lo agradecemos todos los que nos gusta el vino, parece dispuesto a volver a ocupar su lugar y esta vez si, por méritos propios y no por deméritos ajenos.

En Directo al Paladar hemos querido ser testigos directos de esta nueva visión del vino pontevedrés, por lo que las últimas semanas hemos estado especialmente atentos al Oeste español. Las catas de los vinos Lusco, Do Ferreiro Cepas Vellas, Paco & Lola, Nora da Neve, Tricó y Zárate tras da Viña, así como la visión retrospectiva de la uva albariño, sirvan como ejemplo de ello.

Foto l Juantiagues En Directo al Paladar l La uva albariño En Directo al Paladar l Galicia, ¿la sientes?

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