MasterChef estrena su décima temporada sin cambiar un ápice el formato: ¿hasta cuándo habrá la suficiente gente que quiera verlo?

MasterChef estrena su décima temporada sin cambiar un ápice el formato: ¿hasta cuándo habrá la suficiente gente que quiera verlo?
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Con un brindis al grito de "Larga vida a MasterChef" los eternos chefs del concurso, Pepe Rodríguez, Samantha Vallejo-Nágera y Jordi Cruz, han inaugurado el primer programa de su décima temporada. Son todo sonrisas, pero en el fondo saben que quizás ha llegado el momento de volver de lleno a sus restaurantes.

Aunque no lo parezca, el talent, que ha sido la gallina de los huevos de oro de Televisión Española, se enfrenta este año a su prueba de fuego.

La dinámica del programa, cada vez más cercana al reality, está siendo fuertamente cuestionada: máxime después del suicido de Verónica Forqué, que se quitó la vida tras pasar por el concurso. Tampoco amaina la constante polémica sobre la forma en que el programa genera ingresos en una cadena que por ley no puede hacer publicidad. Pero mientras el Consejo de Administración de RTVE no tome cartas en el asunto, nadie en el ente público va a mover un dedo para acabar con un programa que sigue siendo muy rentable. En última instancia, su continuidad dependerá de los datos de audiencia. Pero aquí también hay dudas.

La edición de MasterChef 8 finalizó ccon una media de 22,8% de share y 2.910.000 espectadores, convirtiéndose en la edición más vista en cuota de pantalla, y rompiendo así la racha de audiencia descendente que el programa ha tenido desde su exitosísimo estreno. Pero en la última edición, la novena, la audiencia volvió a desinflarse, con una media de audiencia lineal de 1.643.000 espectadores y 15,1%.

Las cifras, eso sí, ascienden a 2.214.000 espectadores y 18,5% de cuota de pantalla al sumar la audiencia en diferido. Como el programa acaba tan tarde los espectatores acaban buscándolo en otra parte, y esto ya le va bien a RTVE para rellenar la parrilla del sábado y promocionar su servicio de streaming, RTVE Play.

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El primer programa de MasterChef, estrenado anoche, ha seguido exactamente el mismo patrón que en años anteriores.

No cabe duda de que una de las razones del éxito del concurso ha sido el casting. Y esto no ha hecho más que mejorarse: se presenta tanta gente que la productora no parece tener mayores problemas para encontrar a todo tipo de personajazos que aseguran el espectáculo. Mucha de esa gente podría participar en un concurso de programar en Visual Basic y seguiría haciendo gracia. Qué cojones, ¡haría más gracia! La sorpresa reside ya solo en ver como interactuan unos concursantes que son cada uno de su padre y de su madre. Y para esto ya tenemos a Telecinco.

Si alguien esperaba alguna novedad en el concurso puede irse olvidando. Todo sigue igual, con sus personajes entre lo dramático y lo histriónico, sus pruebas de exteriores y sus cajas misteriosas. Si lo que buscas es aprender a cocinar algo, mejor irse a Youtube.

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No cabe duda de que la gastronomía española tiene mucho que agradecer a MasterChef. El programa ha logrado que los grandes cocineros españoles tuvieran sus minutos de gloria en prime time durante diez años y ha inoculado el gusanillo de la cocina en toda una generación de telespectadores. Pero quizás ha llegado el momento de echar la persiana e ir pensando en la gira de reunión.

Llegar a cumplir una década en televisión está al alcance de muy pocos, pero nada es eterno. ¿Será esta la última temporada del concurso? La audiencia lo decidirá. Yo, lo reconozco, me cansé hace años.

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