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La mejor receta para hacer blinis caseros (y con qué acompañarlos)

La mejor receta para hacer blinis caseros (y con qué acompañarlos)
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Los blinis -blini es el plural correcto- son un básico de la cocina rusa y otros países eslavos, con diversas variaciones. Aunque en su origen se preparan con un diámetro mayor, estas pequeñas tortitas esponjosas son hoy muy populares en todo el mundo como base de canapés estilosos. Incluso se venden ya preparados, pero si os preguntáis cómo hacer blinis caseros con esta receta fácil comprobaréis que merece la pena elaborarlos.

A diferencia de las tortitas clásicas, estos blinis se preparan con una masa de levadura de panadería que debemos dejar fermentar. Al incorporar además clara de huevo montada logramos esa textura esponjosa tan tierna y deliciosa, característica de estos bocaditos. La harina de trigo sarraceno o alforfón no es imprescindible, pero sí muy recomendable para acercarse más al sabor original.

Con estas cantidades nos saldrán unos 20-25 blinis pequeños, perfectos para los canapés o aperitivos de las fiestas. Las cantidades se pueden duplicar perfectamente si tenemos una cena con muchos invitados, o si queremos tener margen de error cuando los cocinemos, por si acaso.

El tiempo de reposo puede variar un poco, si hace mucho calor puede que fermente incluso más rápido, o que tarde más si hace mucho frío. Aunque bien guardados en un recipiente hermético en la nevera aguantan bien hasta el día siguiente, están más ricos el día en que se preparan. Sí se pueden cocinar con cierta antelación -un par de horas-, siempre que montemos los canapés en el momento.

Ingredientes

Para 20 unidades
  • Huevo L 1
  • Leche 300 ml
  • Zumo de limón (un chorrito) 2 ml
  • Harina de trigo sarraceno (alforfón) 50 g
  • Harina de repostería 40 g
  • Levadura seca de panadería (medio sobre, aproximadamente) 3.5 g
  • Sal una pizca
  • Mantequilla y un poco más para cocinar 10 g
  • Miel 5 ml

Cómo hacer blinis

Dificultad: Fácil
  • Tiempo total 25 m
  • Elaboración 10 m
  • Cocción 15 m
  • Reposo 1 h

Es preferible acordarse de sacar todos los ingredientes un rato antes de la nevera, para atemperarlos. Combinar las harinas en un recipiente median, usando unas varillas finas para evitar los grumos, añadir la levadura de panadería y una pizca de sal, y mezclar bien.

Separar la clara de la yema del huevo y reservar. Separar 60 ml de la leche y mezclar con el chorrito de limón aparte, dejando que se corte. Calentar el resto de la leche con la mantequilla y la miel en un cazo a fuego muy suave, sin dejar que hierva.

Sacar del fuego, esperar a que esté templado y añadir la yema, batiendo con las varillas. Incorporar la leche reservada aparte, sin dejar de batir con suavidad. Agregar a la mezcla de harinas y combinar con las barillas hasta tener una masa homogénea sin grumos secos.

Tapar con un paño limpio y dejar fermentar durante una hora. Debe haber crecido y estar muy esponjoso, con apariencia muy húmeda. Montar entonces la clara de huevo reservada con una pizca de sal, casi a punto de nieve -que forme picos suaves-. Incorporar a la masa con movimientos envolventes.

Engrasar una una buena sartén o plancha antiadherente con mantequilla y calentar a temperatura media. Formar pequeños discos usando una cuchara de unos 15 ml de volumen, dando forma redondeada con el dorso. Se pueden hacer del tamaño que se desee, pero aquí nos interesa que sean pequeños, tipo canapé.

Cocinar unos 2-3 minutos, hasta que estén cubiertos de burbujas, y dar la vuelta con una espátula fina. Cocinar 1 minuto más por el otro lado o hasta que estén dorados, y retirar a una fuente, sin amontonarlos. Continuar hasta terminar con toda la masa. Es mejor no llenar demasiado la sartén de golpe.

Blinis. Pasos

Con qué acompañar los blinis

Si pensamos en los blinis como un lienzo en blanco para preparar canapés y aperitivos, podemos ser todo lo creativos que nos apetezca. Su gran ventaja es la textura esponjosa, pero que soporta al mismo tiempo todo tipo de coberturas. Al tener un sabor neutro es buena idea combinar varios ingredientes buscando cierto contraste de texturas y sabores, con toques más ácidos, crujientes y frescos.

Los pescados ahumados son un clásico, así como el caviar o las huevas negras y rojas. Se suelen mezclar con algún lácteo cremoso, como queso crema, crème fraîche o yogur, y encurtidos. Podéis probar con estas ideas para acompañarlos, combinando varios elementos al gusto:

  • Salmón, trucha, bacalao o atún ahumado.
  • Caviar o sucedáneo -de otros pescados o vegetal-, o huevas de diferentes tamaños y colores.
  • Arenque.
  • Yogur espeso -griego, skyr-, queso cremoso, crema agria, crème fraîche, smetana o requesón.
  • Aguacate maduro, formando una crema bien aliñada, o guacamole.
  • Hummus en todas sus variaciones.
  • Huevo cocido o revuelto.
  • Ensaladilla rusa.
  • Ensalada de cangrejo.
  • Pepinillos y otros encurtidos.
  • Cebolla morada al natural o encurtida.
  • Remolacha cocida.
  • Zanahoria rallada fina.
  • Verduras asadas.
  • Hinojo fresco cortado en juliana muy fina.
  • Brotes germinados.
  • Hierbas frescas -eneldo y cebollino son dos clásicos-.
  • Compotas de frutas con queso o yogur.
  • Chocolate, miel, nata, sirope o mermeladas para una versión dulce.
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