Los beneficios que tiene la lactancia para un recién nacido están ampliamente reconocidos por la ciencia. Organismos como la Organización Mundial de la Salud o la Asociación Española de Pediatría recomiendan que los bebés se alimenten exclusivamente de leche materna los primeros seis meses de vida, extendiendo la lactancia hasta los dos años o más. Sin embargo, los efectos que tiene en desarrollar alergias podrían no ser tan halagüeños.
Así lo apunta un nuevo estudio realizado por investigadores japoneses, publicado en la revista BMC Pediatrics, que indaga en la asociación entre los patrones de lactancia materna y las enfermedades alérgicas. Aunque sus resultados confirman que la lactancia materna, aplicada durante los primeros seis meses de vida, se vincula con una menor prevalencia de algunas enfermedades alérgicas, también muestran mayor prevalencia de otras, especialmente alimentarias.
Utilizando datos del Estudio sobre el Medio Ambiente y los Niños de Japón (JECS), una cohorte de nacimiento a gran escala en la que participaron embarazadas de 15 regiones del país entre enero de 2011 y marzo de 2014, los investigadores examinaron la asociación entre los patrones de lactancia materna y el desarrollo de enfermedades alérgicas hasta que los niños cumplieron los seis años, utilizando cuestionarios anuales.
Las participantes se habían dividido en cuatro grupos: bebés alimentados exclusivamente con leche de fórmula, alimentados con leche materna durante menos de seis meses, alimentados con leche materna durante seis meses y que también recibieron leche de fórmula, o alimentados exclusivamente con leche materna durante seis meses.
Y descubrieron que la lactancia materna exclusiva durante seis meses se asociaba con una mayor prevalencia de alergias alimentarias y también de dermatitis atópica, siendo más marcadas las alimentarias en los niños varones.
Los autores del estudio creen que estos resultados podrían explicarse en relación con el momento en que se introducen los alimentos complementarios en la dieta del bebé. Otros trabajos ya han demostrado que introducir alérgenos alimentarios comunes, como los huevos y los cacahuetes, entre los cuatro y los seis meses de edad, puede ayudar a desarrollar tolerancia inmunológica. Es decir, cuanto antes esté en contacto un bebé con los alimentos que más suelen causar alergias en la infancia, menos probable es que termine desarrollándolas.
“En consonancia con nuestros resultados y con algunas observaciones previas, las directrices actuales recomiendan introducir alimentos sólidos cuando los bebés tienen entre cuatro y seis meses, al tiempo que se mantiene la lactancia materna”, concluye Hidekuni Inadera, profesor emérito de la Universidad de Toyama y, principal autor del estudio. Aunque son necesarias más investigaciones en este campo, los autores recomiendan tener en cuenta estos factores a la hora de desarrollar estrategias para abordar las alergias infantiles.
Referencia
Association of breastfeeding with caregiver-reported physician-diagnosed allergies in children: the Japan Environment and Children’s Study. Hidekuni Inadera, Junko Sakai, Shintaro Terashita, Kanako Shimada, Hitomi Inano, Akiko Tsuchida & Japan Environment and Children’s Study (JECS) Group.
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