En la Región de Murcia también puede apretar el frío en invierno, incluso en las tierras más cercanas a la costa, y la cocina tradicional es y ha sido durante generaciones el mejor recurso para entrar en calor. En Pozo Estrecho, en pleno Campo de Cartagena, pueden presumir de tener la fórmula de una de las pelotas más antiguas del país, un plato de toda la vida que sale de humeantes ollas y se disfruta mejor en compañía.
La localidad, capital de la diputación del mismo nombre y situada a apenas 12 km de la ciudad portuaria, celebra todos los meses de enero la festividad de su patrón, San Fulgencio, ocasión en la que todo el pueblo y localidades vecinas se reúnen para dar buena cuenta del manjar del que sus vecinos son maestros en preparar desde hace generaciones, las llamadas pelotas galileas que, además, aprovechan bien todos los productos del cerdo que deja la temporada de matanza.
Denominadas así en honor a los propios habitantes de Pozo Estrecho, conocidos como 'galileos', se trata de una receta de orígenes remotos cuya elaboración ha ido variando con los años, y de la que se pueden encontrar tantas variantes como casas y cocinas tiene la villa. Dos son los componentes clave de este plato, el guiso, que casi es más bien una sopa con buena sustancia, y las pelotas o relleno. Se trata de una variante más del popular caldo o cocido con pelotas tan extendido por la Vega Baja alicantina y murciana, donde también destaca el guiso de pollo o pava con pelotas.
Lo que hace únicas a las pelotas galileas es su origen antiguo y la fórmula de ese picadillo o relleno, bien consistente y contundente. Para prepararlas, se mezclan bien picadas carne de magra de cerdo, pechuga de pavo o pollo, longaniza roja, longaniza blanca, blanco de cerdo y tocino. Si la matanza ha sido reciente, mejor.
A las carnes se añaden huevos, miga de pan de pueblo del día anterior, piñones, perejil y zumo de limón, dejando la mezcla reposar varias horas, aunque la costumbre manda esperar mejor hasta el día siguiente antes de formar las pelotas a manos y sofreírlas en aceite hasta que cogen color.
El guiso, por su parte, es muy humilde y sencillo. Lleva una base de pavo o pollo troceado que se sofríe primero aparte antes de dorar en una buena olla unos cuantos dientes de ajo picados. Se reincorpora la carne, se cubre con agua y se echa una picada de almendras y pan frito con azafrán, perejil, sal y más ajos. Finalmente, entran las pelotas a la olla junto con unas patatas peladas y chascadas, para cocinar el conjunto, al menos, durante una hora a fuego lento.
Un plato sencillo, pero contundente y bien cargado de calorías y sabor que antaño calentaba los estómagos de los trabajadores en los más duro del invierno, y que hoy se disfruta en fiestas o en familia. Cuantas más raciones se preparen de pelotas y más grandes sean las ollas, mejor. ¿Y por qué se les llaman 'galileos' en Pozo Estrecho? Hay varias teorías y leyendas en torno a esta curiosa denominación, pero ninguna confirmada. Lo que sí está claro es que sus vecinos están orgullosos de serlo.
Imágenes | Pozo Estrecho - Ayuntamiento de Cartagena
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