Un Madrid diminuto de 15 habitantes: está en Burgos en uno de los valles más espectaculares de Castilla y León

A 60 kilómetros de la capital provincial, esta localidad es una singularidad geográfica en el Valle de las Caderechas

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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En España, decir Madrid casi siempre remite a la capital del país, esa urbe vibrante que concentra a más de tres millones de personas. Sin embargo, el nombre de Madrid no es exclusivo de la capital ni de su comunidad. Existen otros Madrides esparcidos por la geografía española, humildes, discretos y sorprendentes. 

Uno de ellos, quizás el más insólito de todos, se encuentra escondido en el norte de la provincia de Burgos. Se llama Madrid de las Caderechas y, con apenas 15 habitantes, ofrece una experiencia diametralmente opuesta a la que cualquiera imaginaría al escuchar su nombre. Aquí no hay rascacielos ni tráfico, sino silencio, cerezos y un valle que parece arrancado de un cuento.

Madrid de las Caderechas se localiza en la comarca burgalesa de La Bureba, un conjunto de valles escondidos entre las sierras de La Lora y el Valle de Valdivielso, a poco más de 70 kilómetros de la ciudad de Burgos. Este Madrid diminuto pertenece administrativamente al municipio de Rucandio y se sitúa en la parte más alta del valle, junto a otros pueblos como Huéspeda y Herrera de Caderechas. 

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En realidad, está formado por dos barrios separados por apenas un kilómetro: el más bajo, conocido simplemente como “Madrid”, y el más elevado, “Mazuela”. Desde ambos, se disfrutan vistas extraordinarias del entorno, una cuenca cerrada y protegida por montañas que crea un microclima muy especial.

Ese microclima es, precisamente, una de las claves del esplendor del Valle de las Caderechas. Aquí se cultivan algunas de las cerezas y manzanas reineta más reconocidas de Castilla y León, con su correspondiente Marca de Garantía que respalda la calidad de estos productos. 

Madrid De Las Caderechas Madrid de las Caderechas. ©Caderechas.

Los primeros documentos que hablan de esta actividad frutícola datan del siglo XI, y hoy en día sigue siendo uno de los principales motores de la economía local. En primavera, especialmente en abril, la floración de los más de 50.000 cerezos del valle transforma el paisaje en una ola blanca de belleza efímera que atrae a senderistas, ciclistas y fotógrafos.

Visitar Madrid de las Caderechas es también descubrir uno de los paisajes más singulares de Burgos. El valle está formado por una sucesión de valles angostos, cubiertos de bosques de pinos, quejigos, encinas y frutales. 

Este mosaico vegetal contrasta con la aridez de los páramos cercanos y encierra una biodiversidad notable, con presencia de corzos, jabalíes, ardillas y numerosas aves rapaces. Desde el mismo pueblo parte la Ruta de los Cerezos, que conecta Madrid con Huéspeda en apenas algo más de un kilómetro a través de un camino apacible y panorámico.

Cantabrana Cantabrana.

Además, se puede acceder a la Iglesia de Santa Eulalia, situada entre los dos barrios del pueblo, que funciona como un excelente mirador natural. También a medio camino hay una pequeña área recreativa con columpios y mesas de picnic, ideal para detenerse a contemplar el paisaje con calma. Para los más aventureros, existen senderos que ascienden hasta lo más alto del páramo, donde el viento y las vistas abiertas invitan al recogimiento y a la contemplación.

El resto del Valle de las Caderechas ofrece muchas más opciones para el turismo activo y rural. Desde Salas de Bureba, puerta de entrada al valle, comienza un recorrido que se adentra en localidades como Aguas Cándidas, famosa por sus manantiales, o Rucandio, con su trazado medieval y casas con arquitectura tradicional. 

Cerezos En Flo En Las Caderechas C Caderechas Cerezos en flor en las Caderechas. ©Caderechas.

Otra ruta recomendada atraviesa Quintanaopio, con su iglesia gótica y un retablo renacentista de Juan Díaz de Salas, hasta llegar a Ojeda, donde todavía se conservan restos de una torre de los infanzones. También merece la pena acercarse a Río Quintanilla, con su iglesia románica del siglo XII y un antiguo torreón medieval que dominaba una de las entradas al valle.

Iglesia De Santa Maria Magdalena En Rucandio Iglesia de Santa María Magdalena, en Rucandio. ©Turismo de Burgos.

Una parada imprescindible es Hozabejas, encajado entre riscos calizos y bosques, con su pintoresco perfil de pueblo camino. Muy cerca se encuentran las cuevas conocidas como Las Narices, un complejo subterráneo que algunos creen que podría haber albergado pinturas paleolíticas. Desde allí, el camino continúa por antiguos senderos de arrieros hasta Cantabrana, donde aún se conservan bodegas subterráneas de chacolí y se respira un pasado agrícola y vinícola muy presente.

Hozabejas Hozabejas. ©Turismo de Burgos.

La mejor época para visitar Madrid de las Caderechas es, sin duda, la primavera. Entre finales de marzo y abril, los cerezos en flor tiñen el valle de blanco y convierten el entorno en una postal viva. El verano también es ideal, especialmente durante la cosecha de frutas. 

En otoño, los colores del bosque cambian a tonos ocres y rojizos, ofreciendo otra cara del valle, más nostálgica pero igual de bella. Incluso en invierno, la zona mantiene su encanto gracias al silencio, la nieve ocasional y la tranquilidad absoluta.

En un país donde la mayoría asocia Madrid con la capital del ruido y la velocidad, este otro Madrid se presenta como un refugio de calma, autenticidad y naturaleza. Madrid de las Caderechas no tiene grandes monumentos ni multitudes, pero tiene lo que muchos buscan y pocos encuentran: un paisaje sin artificios, un ritmo pausado y una belleza que se impone por sí sola. 

Aquí, el tiempo parece detenerse entre montañas, cerezos y caminos que invitan a perderse, sabiendo que uno se encuentra, sin duda, en uno de los valles más sorprendentes de Castilla y León.

Imágenes | Caderechas / Facebook CaderechasTurismo de Burgos 

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