Las mejores zona para disfrutar de una calçotada auténtica a menos de una hora de Barcelona

Tradición, brasas y romesco casero protagonizan una de las escapadas gastronómicas más esperadas del invierno

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Joana Costa

Editor

La temporada de calçots marca, para muchos, el verdadero ecuador del invierno gastronómico en Catalunya. Es una cita que va más allá de la comida: implica desplazarse, reunirse alrededor del fuego y dedicar varias horas a una tradición que se vive sin prisas. Cada año, cuando llegan los primeros fríos, vuelve la misma pregunta: dónde comer una buena calçotada sin irse demasiado lejos.

Aunque Valls sea la cuna indiscutible de esta tradición, no siempre es la opción más cómoda desde Barcelona. En los últimos años, varias zonas cercanas se han consolidado como destinos de referencia para quienes buscan una calçotada auténtica sin afrontar largos trayectos. Masías, bodegas y restaurantes rurales han sabido mantener el ritual con producto propio y brasas de verdad.

A menos de una hora de la ciudad, estas zonas permiten una escapada de día que combina paisaje, gastronomía y cierta desconexión del ritmo urbano. La experiencia es completa: se empieza con los calçots, se continúa con carnes a la brasa y se alarga con sobremesas sin reloj.

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La comarca del Alt Penedès se ha convertido en uno de los destinos más valorados. Sus masías suelen contar con huertos propios y asan los calçots a llama viva, tal como marca la tradición. Tras sacarlos del fuego, se envuelven en papel para mantener el calor y se sirven en grandes cantidades, sin racionar.

En municipios como Subirats, la calçotada se combina a menudo con el mundo del vino. Varias bodegas ofrecen menús cerrados que incluyen visita a viñedos, cata y comida, una fórmula que atrae tanto a grupos de amigos como a familias. El entorno rural y la proximidad a Barcelona refuerzan su atractivo durante toda la temporada.

Sant Sadurní d’Anoia es otro de los puntos fuertes. Allí, además del cuidado en el asado, destaca especialmente la salsa romesco. En muchas masías se elabora de forma casera, con almendra tostada, ñora y aceite de oliva, logrando un sabor intenso y equilibrado que marca la diferencia frente a versiones más industriales.

Algo más lejos, pero todavía accesible para una escapada de día, aparece la Conca de Barberà. Sus calçotadas mantienen un perfil más tradicional y contundente, con menús completos que incluyen carnes a la brasa, judías, patatas y vino de la zona. Es una opción muy apreciada por quienes buscan una experiencia más rústica y menos masificada.

Todas estas zonas comparten un mismo denominador común: tradición y ausencia de artificios. Las brasas son reales, el producto es de proximidad y el ritmo lo marca la mesa, no el servicio. Esa autenticidad es, precisamente, lo que muchos buscan al salir de la ciudad.

Para quienes quieren disfrutar de una calçotada sin renunciar a la cercanía, estas comarcas ofrecen algunas de las mejores opciones del invierno. Una escapada breve que permite reconectar con una de las tradiciones gastronómicas más arraigadas de Catalunya sin alejarse demasiado de Barcelona.

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