El próximo 11 de junio echará a rodar el Mundial conjunto que organizan Estados Unidos, Canadá y México, aunque el protagonismo principal recaerá en las sedes estadounidenses. Hasta once ciudades de Estados Unidos acogerán partidos y, a partir de los dieciseisavos de final, el torneo se disputará por completo en territorio estadounidense.
Sin embargo, lo que iba a convertirse en un gran escaparate de Estados Unidos ante el mundo se ha ido ensombreciendo a pasos agigantados en apenas dos años, hasta el punto de que ahora, incluso dentro del propio país, hay voces que califican el Mundial como un “no evento”.
No es una frase menor, puesto que empiezan a pronunciarla algunos hoteleros estadounidenses al comprobar el estado de las reservas apenas un mes antes del comienzo del torneo.
Según una encuesta de la American Hotel & Lodging Association, una asociación que agrupa a buena parte del sector, el 80 % de los hoteleros consultados afirma que las cifras de reservas son notablemente inferiores a lo previsto. Y no hablamos de hoteleros en ciudades menores.
La AHLA, huelga decirlo, no es moco de pavo: es la mayor asociación hotelera de Estados Unidos con más de 30.000 miembros, incluyendo marcas icónicas y la presencia de las 16 mayores compañías hoteleras del país.
Los hoteleros tiemblan ante las "104 Super Bowls" de Infantino
Las once sedes estadounidenses incluyen urbes tan potentes como Nueva York, Filadelfia, San Francisco, Los Ángeles, Dallas, Houston, Miami o Atlanta. En casi todas ellas, según la encuesta citada, las previsiones del sector hotelero están por debajo de lo que se había estimado.
De todas las ciudades que acogerán el Mundial, solo los hoteleros de Miami y Atlanta consideran que las reservas están por encima de lo esperado, incluso para ser verano. Sin embargo, los consultados en Boston, Los Ángeles, Dallas, Houston, Filadelfia, Kansas o Nueva York aseguraban que las reservas están por debajo del verano típico.
Todo ello juega, evidentemente, en contra de las intenciones de rentabilizar un campeonato que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, llegó a comparar con “104 Super Bowls”, la gran final de la liga de fútbol americano estadounidense, la NFL, considerada dentro del país como el gran tótem del espectáculo deportivo.
Sea como fuere, lo cierto es que prácticamente todo parece jugar en contra de que Estados Unidos acabe convirtiendo en un éxito económico su participación como anfitrión del Mundial. A priori, se había estimado que el impacto generado por el torneo en Estados Unidos rondaría los 30.000 millones de dólares, algo menos de 27.000 millones de euros. Sin embargo, a partir de ahí, la cascada de acciones, reacciones y consecuencias está complicando enormemente que el campeonato sea un éxito.
El factor Trump
Infantino junto a Donald Trump en la Casa Blanca. ©The White House.
Lo primero, que a algunos podría parecerles un asunto menor, es la dificultad añadida que supone la política exterior de Donald Trump a la hora de permitir el acceso al país a ciudadanos de otros Estados.
Esto, evidentemente, no facilita la llegada a un territorio en el que ya de por sí conseguir determinados visados resulta complicado. Si a eso se añade el fantasma de ICE y lo que han supuesto sus redadas en algunas partes del país, podría entenderse que ciudadanos de determinados países, especialmente hispanoamericanos, no tengan intención de pisar Estados Unidos.
Los problemas, por tanto, se multiplican, a pesar de que haya asociaciones que han pedido una tregua en este sentido durante el campeonato. De hecho, hasta el propio Gianni Infantino habría mediado para que así fuera.
Pero no solo eso. Más allá de las filias y fobias que pueda generar Donald Trump, hablamos de un mundo especialmente convulso en un momento clave para los viajes: el verano.
Volar, una afición de lujo en 2026
El aeropuerto internacional Atlanta Hartsfield-Jackson, el aeropuerto con más tráfico aéreo de Estados Unidos.
El estrangulamiento del estrecho de Ormuz, propiciado por la guerra iniciada por Estados Unidos contra Irán, tampoco juega a favor de que el Mundial acabe convirtiéndose en un éxito. Ya son más de una decena las aerolíneas que están suspendiendo vuelos y reduciendo asientos a nivel mundial, aunque el fenómeno se está produciendo sobre todo en Asia y Europa.
Aun así, también hay aerolíneas estadounidenses que han desaparecido del mapa, como la low cost Spirit, que ha anunciado su cierre hace apenas unas semanas debido a ese aumento de costes y muchas otras aerolíneas, incluyendo compañías tan potentes como Delta o American Airlines están cancelando vuelos.
Un avión de Spirit. ©Spirit Airlines.
Si a eso se suma que el coste de la vida en Estados Unidos es porcentualmente más alto que en buena parte de los países que participan en el Mundial, las cuentas siguen sin salir.
La FIFA y el jaleo de las entradas y la reventa
Y tampoco salen porque la FIFA se hizo una auténtica trampa al solitario con la venta de entradas, generando un doble sistema de comercialización que ha terminado impidiendo que se vendan todas las localidades.
Hard Rock Stadium de Miami, una de las sedes del mundial. ©Fifa
Aun así, se ha producido un fenómeno de reventa propiciado por la propia FIFA que ha multiplicado por diez, en muchos casos, el precio de algunos de los partidos más cotizados del torneo, mientras que otros, como era de esperar, no han generado el mismo interés entre el público final, a pesar de tratarse del Mundial con más selecciones participantes de la historia, como puede ser el partido entre Curaçao y Costa de Marfil, donde quedan boletos sin vender.
Un Mundial para Phileas Fogg
Todo ello forma parte de un mismo círculo vicioso: el de un país caro en términos generales, una situación geopolítica inestable, unos controles de entrada en Estados Unidos más complejos de la cuenta y, por si fuera poco, unas distancias enormes, además de la dificultad de gestionar entradas en distintas fases del torneo.
Sedes del Mundial de Norteamérica 2026.
No es un tema menor. Poniendo el hipotético caso de que un aficionado español se pudiera permitir el billete desde la fase de grupos hasta la final, recorrería aproximadamente 12.000 kilómetros, tomando como referencia el primer partido en Atlanta contra Cabo Verde y el último, la final, en Nueva Jersey, pasando así además por cinco sedes distintas, incluidos dos partidos en Dallas (octavos y semifinales) y Los Ángeles (dieciseisavos y cuartos de final).
De hecho, a nivel operativo, sería mejor para un aficionado español que nuestra selección pasara de la fase de grupos como segunda, pues se reducirían las distancias de los vuelos jugando tres veces en Atlanta, una en Guadalajara, una en Miami, una en Kansas City y la final neoyorquina.
Y eso también está provocando un tira y afloja entre algunas ciudades organizadoras, sus sistemas de transporte y la propia FIFA, como ha sucedido en New Jersey, donde el precio del transporte apunta a convertirse en otro melón por abrir: desplazarse hasta el estadio puede suponer más de 150 dólares ida y vuelta, cuando normalmente es un trayecto de apenas 12 dólares.
Un jaleo a tres bandas
Al contrario de lo ocurrido en otros Mundiales, la celebración a tres bandas entre Estados Unidos, México y Canadá supone una complejidad logística enorme tanto para los aficionados como para los propios equipos.
El hipotético recorrido de España si llega a la final.
La primera fase, la de grupos, se disputará entre los tres países, con distancias abismales para determinados aficionados que quieran seguir a su selección más allá de esa fase. Algo así no se había producido hasta ahora en la historia del torneo, donde generalmente un solo país había actuado como sede.
Sí ha habido ejemplos de Mundiales organizados por dos países, como el de 2002 en Corea del Sur y Japón, pero hasta la fecha este será el único torneo celebrado en tres países, al menos hasta que en 2030 se dispute el Mundial de España, Portugal y Marruecos.
Mientras tanto, el tiempo se le echa encima a Estados Unidos, que ve cómo su gallina de los huevos de oro empieza a dar señales de convertirse en un pollo desplumado.
Imágenes | Hartsfield-Jackson Atlanta International Airport / Spirit Airlines / Fifa / White House