Hay un camino que fue el primero. Una senda que inauguró la cultura del peregrinaje hacia el Fin del Mundo. Dicen que Alfonso II, al que llamaron “el Casto” partió desde la vieja Oviedo siguiendo el rumor del hallazgo de unas reliquias en un frondoso bosque de Galicia que todos llamaban Campus Stellae, o campo de las estrellas.
Poco a poco los peregrinos fueron haciendo el mismo camino que el rey astur. Las crónicas hablan del paso de peregrinos por los profundos valles que comunican el alto Navia con los valles lucenses. Esta zona más al occidente del reino astur que hoy es Grandas de Salime quedó asociada al tránsito de los peregrinos, como demuestra la existencia del Hospital de Buspol y considerado como uno de los albergues más antiguos del Camino. Allí, según la tradición, los monjes ofrecían refugio, buen yantar y lecho caliente a los caminantes exhaustos. Se cuenta que en los temporales más crudos del invierno los hospitalarios frailes hacían sonar una campana para guiar a los peregrinos entre la niebla y la ventisca, que se agarraba a los barrancos. Esta historia, recogida en la memoria de los más mayores, muestra la vocación hospitalaria de las gentes de esta tierra del alto Navia.
Dos soñadores y un proyecto de tradición hospitalaria
Hoy, cuando el peregrino, exhausto tras recorrer la serpenteante senda del Camino Primitivo en este confín del occidente asturiano, llega a Grandas de Salime, descubre que este espíritu hospitalario sigue vivo entre sus gentes. Y uno de los últimos ejemplos lleva el nombre de Restrepo, donde dos amigos, Natalia y Rubén, decidieron levantar un proyecto que es, a la vez, refugio, declaración de intenciones y acto de amor por el mundo rural.
Natalia nos lo explica perfectamente “Restrepo es un refugio gustoso y placentero, cuidado, donde al entrar nos llenamos de una energía super bonita. Un lugar con cosas ricas para comer, ricas para beber y rodeado de un ambiente dulce”.
Ella, nacida en Gijón, pero con raíces profundas en esta zona del alto Navia, en la cercana aldea de Pesoz. Regresó hace años a la tierra de sus veranos infantiles. Y con ilusión siempre lo dice, “desde lo más recóndito también se puede vivir bien, con ilusión y con dignidad”, afirma.
Y así nació Ultramarinos Restrepo, un espacio que tiene de ese ancestral espíritu hospitalario y que combina tradición y modernidad, memoria y diseño, y que hoy es punto de encuentro para vecinos, peregrinos y viajeros curiosos.
Alacena de Restrepo
Refugio de sabores, conversación y vida cotidiana
Cuando uno entra en este ultramarinos cruza un umbral inesperado. A un lado, una alacena blanca, elegante, perfectamente ordenada, que mucho tiene de esas que había en las tiendas donde se iba con las abuelas. Allí reposan conservas artesanas, vinos escogidos, dulces elaborados con frutas de estos mismos bosques, panes fragantes y pequeños tesoros gastronómicos del Alto Navia o de las comarcas cercanas de los Oscos asturianos. Justo enfrente, un mercado de proximidad con productos a granel, con frutas brillantes, verduras recién traídas de las huertas del Navia y afluentes, con una charcutería que huele a pueblo, a tiempo lento, a producto de esta tierra elaborado como antes.
En el centro, altos mostradores que invitan al picoteo, a comidas frías, a conversación con sosiego como se hace en los pueblos, olvidándonos del paso del tiempo, donde se cruzan las noticias que uno trae de otras comarcas o de cómo ha ido el camino.
Aquí se puede comprar un queso, brindar con un vinín, compartir una tabla de embutidos o simplemente observar cómo la vida pasa por la puerta con un humeante café en las manos. El mejor resumen nos lo hace la propia Natalia, con las palabras de una peregrina de Eslovenia de hace unos días “Este sitio es alucinante. El ambiente, la energía que se respira, me he enganchado, me quiero quedar horas comiendo, conversando y viviendo”.
Entrada a Ultramarinos Restrepo.
Diseño, luz y memoria en un edificio que sorprende
Ultramarinos Restrepo ocupa un edificio racionalista de los años 50, pero con una estética que mira más a los años 20: puerta colorida, marquesina coqueta, tipografía que evoca esos colmados de antaño, una terraza elegante, rincones divertidos y arte sano en las paredes, todo en una coctelera que da ese aire de modernidad a Grandas de Salime. Basta pasearse por Restrepo para que la sorpresa sea inmediata: luz, color, diseño y naturaleza que conviven en una armonía casi teatral. Las gentes del pueblo encontraron aquí un toque moderno a lo que ya había, pues justo en ese mismo local se ubicó anteriormente Casa Cachafeiro, el super que tuvo el pueblo, hoy este colmado coge su testigo y moderniza la idea.
La mano de su socio en el interiorismo es evidente: maderas cálidas, vegetación que trepa por las paredes, mapas antiguos de un mundo conocido, obras de artistas locales, al fin y al cabo, un rincón que parece sacado de la moderna Malasaña madrileña, del Barrio de Gràcia de la ciudad condal, de la alternativa Ruzafa de Valencia… pero con alma asturiana y con olor a pueblo. Y en un rincón del Occidente asturiano. Porque también se puede ser moderno en el pueblo.
Las asombrosas opiniones de quienes cruzan la puerta de Restrepo
Los vecinos lo describen como un soplo de aire fresco. Los peregrinos, como un hallazgo inesperado en el Camino. Los turistas, como un pequeño milagro rural. Los adjetivos son “preciosos”, “acogedor” “cuidado hasta el último detalle”, “lo mejor de Grandas de Salime”. Muchos repiten visita; otros llegan porque alguien les habló de este lugar.
Siempre se ha dicho que el boca a boca es uno de los mejores reclamos y como las buenas noticias se asientan. Natalia lo tiene claro, “notamos que la gente viene a vernos. Les han hablado de Restrepo, de nuestro rincón gastronómico, y quieren conocernos" Y estas puertas están abiertas a todos: al pueblo, a turistas que van y vienen y a peregrinos.
Terraza de Restrepo
Lo rural como espacio de futuro, belleza y dignidad
Tanto Natalia como Rubén saben que Restrepo no es solo un negocio, es una verdadera declaración de principios. Y es que es uno de esos ejemplos de que se puede vivir de lo rural y en el pueblo. Generan empleo, dinamizan el concejo y han demostrado que la vida en zonas de poca densidad poblacional puede ser plena y se puede ser creativo.
Este proyecto es también una ventana abierta al mundo. Una forma de mostrar que el Occidente de Asturias no está al margen y que se le puede colocar en el mapa, como algo vivo y con futuro.
Un valle profundo y mágico lleno de historia
Ultramarinos Restrepo puede ser ese punto de llegada tras visitar la zona o puede ser el punto de partida. Da igual. Pero es el punto. Grandas de Salime es un pequeño pueblo, no supera los 800 habitantes, pero está rebosante de historia y de paisaje. El embalse de Salime, monumental y sereno, marca el ritmo del valle. No hay que dejar de conocer su Museo Etnográfico de Pepe el Ferreiro, uno de los más importantes del norte de España. Si uno no ha llegado siguiendo la estela compostelana hay que dejarse hipnotizar por las sendas que se introducen por los Montes del Acebo, caminos que se dejan abrazar por los bosques y por donde los peregrinos dejan atrás las tierras asturianas y dan la bienvenida a las lucenses. Grandas de Salime es un punto perfecto para conocer el Alto Navia, un territorio de montañas suaves, aldeas pequeñas en tamaño y grandes en corazón, con una gastronomía poderosa y una naturaleza que aún conserva mucho misterio.
Y con un hito más a visitar, el Ultramarinos de Rubén y Natalia. Lo más actual y moderno. Un gesto de resistencia. Allí, en Grandas de Salime, donde pasó el primer peregrino, está este ultramarinos que se ha convertido en poco tiempo en un faro que aúna ruralidad y tradición, creatividad y arraigo. Gracias Rubén y gracias Natalia.
Fotos: Restrepo / Luis Ulargui
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