Pocas regiones de España pueden presumir tanto de ser una parte fundamental del Camino de Santiago como sucede con la Comunidad Foral de Navarra, por la cual discurren dos de las rutas más conocidas e icónicas de nuestro país: el Camino del Norte y el Camino Francés. Precisamente por este último se llega a una localidad mágica, casi misteriosa, enclavada al pie de un cerro milenario que sorprende a pesar de sus pocos habitantes. Hablamos de Villamayor de Monjardín, una joya de la Zona Media navarra que el peregrino descubre de pronto, como si el paisaje la hubiera guardado en secreto hasta el último momento.
La historia de Villamayor de Monjardín está indisolublemente ligada al Castillo de San Esteban de Monjardín, que corona el cerro desde el que vigila el valle con una majestuosidad que el tiempo no ha logrado doblegar. Sus orígenes se remontan a la Alta Edad Media, y la fortaleza fue mandada construir o reforzada durante el reinado de Sancho Garcés I, primer rey de Pamplona, en el siglo X, en un momento en que la reconquista cristiana avanzaba hacia el sur y este tipo de enclaves defensivos resultaban fundamentales para el control del territorio. +
Desde entonces, el castillo ha sido testigo mudo del paso de los siglos, de ejércitos, de peregrinos, de sequías y de vendimias. Sus ruinas conservan aún una dignidad imponente, y contemplar desde sus murallas el atardecer sobre los viñedos y los campos de cereal de la Zona Media es, sencillamente, una de esas experiencias que justifican por sí solas hacer un alto en el camino.
Una bodega con tres décadas de coraje vinícola
Villamayor de Monjardín, con el castillo en lo alto del cerro y la bodega Castillo de Monjardín y sus viñedos en primer plato. ©Francis Vaquero - Turismo de Navarra.
Pero Villamayor de Monjardín no solo enamora por su patrimonio histórico. Aquí tiene su sede una de las bodegas con más solera y personalidad de toda la Comunidad Foral: Castillo de Monjardín. Fundada hace más de treinta años, esta bodega fue pionera en Navarra al apostar por variedades foráneas —especialmente para la elaboración de vinos blancos— cuando nadie en la región se había atrevido todavía a dar ese paso.
La bodega Castillo de Monjardín y parte de su viñedo.
Aquellos vinos, elaborados con chardonnay y atreviéndose a hacer por primera vez un fermentado en barrica para una tierra que entonces apostaba casi en exclusiva por las variedades tintas y autóctonas, abrieron un camino que con el tiempo ha sido transitado por muchos otros.
Vino blanco Castillo Monjardín Chardonnay Reserva 2024 Navarra.
Hoy, Castillo de Monjardín sigue siendo un referente en la elaboración de blancos de calidad, y una visita a su bodega es una forma perfecta de entender la identidad vitivinícola de este rincón de Navarra.
El Hotel Mirador de Deyo: modernidad con raíces
Si el castillo y la bodega hablan del pasado y del carácter de Villamayor de Monjardín, el Hotel Mirador de Deyo habla de su presente y, sobre todo, de su futuro como hotel de cuatro estrellas. Surgido de la rehabilitación de una antigua casa familiar, este hotel boutique es un ejercicio de elegancia contenida: una renovación contemporánea que respeta el alma del edificio original y lo pone en diálogo con el entorno natural que lo rodea.
Fachada del hotel boutique Mirador de Deyo.
Las calidades constructivas son de primer nivel, los materiales dialogan con el paisaje, y las vistas que ofrece desde sus estancias son, como su propio nombre anticipa, de las que se recuerdan. A todo ello contribuye como hotel boutique la presencia de su spa, del mirador que da nombre al espacio y a unas instalaciones perfectamente equipadas que sirven como descanso más que merecido.
Habitación del hotel boutique Mirador de Deyo.
A esa puesta en el mapa también ha contribuido de manera decisiva su restaurante, que comparte nombre con el hotel y que se ha convertido en uno de los proyectos gastronómicos más interesantes de la nueva ola navarra. Al frente de los fogones está el chef Govinda Pérez de Ciriza, con el respaldo y el asesoramiento del cocinero David Yarnoz, dueño de dos estrellas Michelin y conocido por su trabajo en El Molino de Urdániz.
La panorámica desde el salón del comedor en el hotel boutique Mirador de Deyo.
Sin embargo, la voz cantante en el Mirador de Deyo la llevan las brasas: una cocina de fondo tradicional, muy anclada en el producto de temporada y en la estacionalidad, que convierte cada plato en una declaración de amor por el territorio. El resultado es un restaurante con carácter propio, alejado de artificios, que se ha ganado a pulso su lugar como uno de los mejores argumentos para hacer pausa en el Camino Francés a su paso por la Zona Media.
Txangurro a la donostiarra.
Porque eso es, al fin y al cabo, lo que ofrece Villamayor de Monjardín: un motivo poderoso —varios, en realidad— para detenerse, respirar hondo y dejarse conquistar por una Navarra que sabe cuidar lo que tiene.
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