El extremo nororiental de la provincia de Teruel es un paraíso para los amantes del turismo rural y de los enamorados de los pueblos con encanto. Pero la fama que tienen los más conocidos de la Comarca del Matarraña, como Valderrobres, Calaceite o Cantavieja, hace que otros pasen más desapercibidos, cuando villas con tanto encanto como Cretas se merecen también nuestra atención y visita.
Situado precisamente a medio camino entre los dos pueblos mencionados, Cretas se abre al visitante con poco más de 50 km², con una población de menos de 600 vecinos que siguen viviendo hoy dedicados a la agricultura de secano y a la ganadería, aunque el turismo ha ido cobrando en los últimos años también un importante peso en el desarrollo económico de la zona. Recorrer todo su trazado urbano es como viajar en el tiempo, y hacerlo también a través de sus diferentes épocas.
El pueblo está prácticamente entero esculpido en piedra, con calles estrechas, plazas, plazoletas, pasadizos, arcos y portales en los que el aire medieval impregna cada rincón. La zona estuvo habitada mucho antes, como demuestran los hallazgos arqueológicos del poblado íbero Els Castellans, también visitable en la cercanía, pero el esplendor de la villa llegaría en plena Edad Media. Su origen se remonta a los tiempos de Alfonso I y sería propiedad de la Orden de Calatrava hasta el siglo XIII.
Por sus pequeñas dimensiones, merece la pena hacerse con un plano para no perderse ningún rincón, pero también es recomendable dejarse llevar por sus callejuelas para ir descubriendo al paso lo que Cretas esconde a cada paso. Como punto de partida o primer monumento imprescindible a visitar es la Iglesia de la Asunción, gótico-renacentista, levantada sobre uno de los antiguos portales en el exterior del pueblo.
De allí es fácil tomar la Calle Mayor, traspasando el Portal de la Casa Sapera, y desviar el recorrido explorando las callejuelas que se abren durante su trazado a ambos lados. La calle desemboca en la hermosa Plaza Mayor, con su Rollo de Justicia en el centro, y rodeada de bonitos edificios señoriales incluyendo el Ayuntamiento, el hotel Villa de Cretas y la antigua cárcel.
La villa cuenta con viviendas tradicionales que parecen salidas directamente de la Edad Media en un gran estado de conservación, siempre con la piedra dominando las construcciones, junto con la rejería de balcones y ventanas. Destacan también los arcos y las casas más nobles, así como varios portales consagrados a santos con pequeñas capillas.
Ya saliendo del pueblo, se puede caminar tranquilamente por una vía de un kilómetro hasta la coqueta ermita de la Misericordia, rodeada de cipreses en un paraje de gran belleza y tranquilidad.
En pleno invierno, como en tantos pueblos de la zona en Teruel, las bajas temperaturas pueden echar para atrás a los visitantes, pero cobra un especial encanto en temporada baja con un ambiente que refuerza ese ambiente medieval detenido en el tiempo y, si hay suerte, el paisaje nos regalará una estampa nevada. Otra opción es acudir en primavera para no perderse la Feria del Vino de Cretas, que suele tener lugar a principios de abril.
Imágenes | Flickr/Jorge Franganillo -Wikimedia Commons/Manel Zaera