En un sector acostumbrado a medir el éxito en número de mesas, metros cuadrados y empleados, un hostelero ha optado por el camino contrario: reducir al mínimo su local y trabajar sin personal contratado. El resultado no solo es rentable, sino que también le ha devuelto la calma en un oficio marcado por el estrés y los sobresaltos constantes.
La fórmula parece simple: 20 mesas al mediodía y otras tantas en la cena, con un gasto medio por comensal de entre 20 y 25 euros, una fórmula que le permite mantener ingresos estables y suficientes para vivir con comodidad, pero sin tener que lidiar con los costes y la complejidad de gestionar un equipo.
El propio hostelero lo resume sin rodeos: “Cuanto menos empleados tengo, más dinero gano”. Una frase que, en su caso, se ha convertido en toda una filosofía de negocio y que contrasta con el discurso habitual de expansión y crecimiento que domina el sector gastronómico.
Alta rotación
Según defiende, la hostelería tradicional arrastra un problema conocido: los altos costes laborales. Mantener personal supone pagar salarios, seguros sociales, vacaciones, bajas y, en muchos casos, soportar una rotación elevada.
Ante esta realidad, el restaurador asegura que esos gastos se comen gran parte de la facturación, hasta el punto de que prescindir de ellos significa normalmente sanear las cuentas y ganar en tranquilidad.
A los números se suma otro argumento más terrenal. El hostelero afirma que, aparte del alto coste, cuando se reúnen varios camareros y cocineros no era raro que alguno acabara con la tentación de consumir más de la cuenta. Según él, algunos se llegaban a “beber el camión de cervezas”, restando todavía más rentabilidad al negocio.
Menos mesas, más tranquilidad
Hoy, según defiende con un local de pocas mesas , el ritmo es más humano. Atiende a un número manejable de clientes. La sencillez de la operación no solo le genera ingresos suficientes, sino que también le permite disfrutar del día a día. Eliminar la presión de coordinar una plantilla ha supuesto un respiro en su vida laboral y personal.
Su idea, que puede sonar radical, pone sobre la mesa un debate de fondo: ¿es la reducción la salida para la hostelería en tiempos de inflación y escasez de personal? Frente a modelos expansivos que buscan abarcar más mesas y más personal, este caso demuestra que la simplicidad operativa puede ser igualmente rentable.
Por supuesto, no todos los negocios pueden aplicar este método. Los locales de gran afluencia, las cocinas de autor o los proyectos turísticos dependen de brigadas amplias. Pero la experiencia de este hostelero puede ser una invitación a replantear la ecuación: quizás no se trata de crecer sin parar, sino de encontrar un equilibrio entre facturación, costes y calidad de vida.
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En realidad, algunos en los comentarios confirman su versión: "Es una lástima, pero no compensa contratar", dice uno, mientras que otro enumera: "1 empleado, un problema". "Correcto, con muchos empleados facturas más, pero te quedas menos", agrega otro, a lo que uno añade que desde que se eliminó a los trabajadores ha ganado mucha "calidad de vida".
Sin embargo, otros no opinan lo mismo y le reprochan el entender el negocio de diferente manera: "Mi prioridad es que mis empleados estén bien y que mi clientela salga bien servida", dice otro.
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