Mariano Aguilera, hostelero: “La gente que sale a comer o cenar a última hora, quedaos en vuestras casas, haced el favor”

Recuerda que quienes están detrás de la barra y en la cocina también tienen horarios y familia, y pide a los clientes que eviten llegar tarde

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Joana Costa

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Llegar a un restaurante pocos minutos antes de que cierre la cocina puede parecer perfectamente razonable para un cliente: si el establecimiento continúa abierto, todavía debería ser posible sentarse y pedir. No hay motivo para enfadarse. Pero para quienes trabajan dentro, sin embargo, esa última mesa puede significar terminar la jornada bastante más tarde de lo previsto.

Un hostelero ha puesto sobre la mesa este conflicto habitual con unas palabras que no han pasado precisamente desapercibidas. "La gente que sale a comer o cenar a última hora, quedaos en vuestras casas, haced el favor", afirma.

Su mensaje parte de una reivindicación sencilla: los trabajadores de bares y restaurantes también tienen un horario y una vida fuera del establecimiento. "También tenemos familia", recuerda al referirse a quienes aparecen a última hora para comer o cenar.

El restaurante está abierto

En este punto está precisamente el debate. Desde el punto de vista del consumidor, resulta lógico pensar que mientras un restaurante admita clientes tiene derecho a solicitar una mesa. Para muchos comensales, corresponde al propio negocio establecer claramente hasta qué hora acepta pedidos.

Desde el otro lado, una reserva o una mesa que entra pocos minutos antes de terminar el servicio no implica únicamente preparar los platos. Después hay que recoger, limpiar la cocina, dejar la sala preparada y completar otras tareas antes de que los trabajadores puedan marcharse.

Una diferencia de conceptos

La diferencia entre hora de cierre y hora del último servicio puede provocar así situaciones incómodas. Un restaurante puede anunciar que cierra a las 23.30 horas, pero eso no significa necesariamente que su cocina esté preparada para recibir una comanda completa a las 23.25.

Por eso algunos establecimientos diferencian claramente entre el horario del local y el de la cocina. Indicar hasta qué hora se aceptan mesas o pedidos evita trasladar al cliente la responsabilidad de adivinar cuándo resulta demasiado tarde para entrar.

Las palabras del hostelero, aunque contundentes, abren así una discusión que aparece con frecuencia en el sector sobre si debe ser el cliente quien evite llegar a última hora o corresponde al restaurante establecer un límite y dejar de aceptar mesas cuando ya no puede atenderlas dentro de la jornada prevista.

Probablemente, sea esa última cuestión la que explica que mensajes como este generen opiniones tan enfrentadas. Porque detrás de una cena que empieza cinco minutos antes del final del servicio hay dos perspectivas muy distintas: la del cliente que ve un restaurante todavía abierto y la del trabajador que ve cómo su hora de salida vuelve a alejarse, más cuando quien acepta la mesa es el jefe y no el trabajador.

Fotos | Pexels: Taha Samet Arslan y @elagualimon

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