Sin estrecho de Ormuz, pero con airfryer: cómo aprovechar la freidora de aire frente a la subida de la luz

El auge de las airfryer no solo tiene que ver con cocinar más rápido o usar menos aceite: también pueden marcar diferencias reales en el consumo eléctrico diario

Plantilla Joana Costa 59
Facebook Twitter Flipboard E-mail
joana-costa

Joana Costa

Editor

Hace unos años la freidora de aire parecía otro de esos electrodomésticos condenados a acabar olvidados junto a la yogurtera o la sandwichera gigante que alguien compró en una madrugada de entusiasmo online. Pero la airfryer ha terminado ocupando un espacio mucho más serio dentro de la cocina. 

Y no solo por las patatas crujientes o las croquetas rápidas: también porque puede ayudar a reducir bastante el gasto eléctrico frente al horno tradicional. Factura eléctrica y cocina rápida empiezan a ir bastante de la mano.

Aunque mucha gente la siga llamando freidora, lo cierto es que funciona más como un pequeño horno de aire caliente. La diferencia está en el tamaño. Al tener un compartimento mucho más reducido, necesita menos energía para calentarse y mantiene mejor la temperatura durante la cocción. Eso permite cocinar más rápido y gastar menos electricidad en muchos usos cotidianos. 

Una freidora de aire media suele tener una potencia de entre 1.000 y 1.800 vatios, mientras que un horno convencional puede moverse entre los 2.000 y los 3.000 vatios. Además, el horno necesita casi siempre un precalentamiento previo, algo que añade gasto antes incluso de empezar a cocinar o es muy corto. En la airfryer, ese paso prácticamente desaparece en la mayoría de recetas.

La diferencia se nota especialmente en platos rápidos del día a día. Preparar unas alitas de pollo en freidora de aire puede consumir entre 0,2 y 0,3 kWh, mientras que hacer la misma receta en el horno ronda entre 1 y 1,2 kWh. Traducido a una rutina semanal, la diferencia empieza a acumularse bastante más de lo que parece. Sobre todo ahora, cuando mucha gente mira el precio de la luz casi con más atención que el tiempo meteorológico. 

Menos espacio, menos pérdida

Otro punto importante es el tiempo. Las freidoras de aire suelen cocinar más rápido porque concentran el calor en un espacio reducido y hacen circular el aire a gran velocidad. Eso reduce minutos de funcionamiento y también evita pérdidas de temperatura constantes. Abrir la puerta de un horno grande en invierno, por ejemplo, supone perder bastante calor acumulado. En una airfryer, el impacto es mucho menor. 

Eso sí, no siempre gana la freidora de aire. Cuando se cocina para muchas personas o se necesitan varias bandejas a la vez, el horno sigue teniendo sentido. Si hay que repetir varias tandas en la airfryer, el ahorro energético empieza a reducirse bastante. Ahí entra una cuestión bastante simple: cuánto se cocina y para cuántas personas. Porque no consume igual recalentar cuatro nuggets que preparar una lasaña familiar un domingo.

También influye el tipo de receta. La airfryer funciona especialmente bien para alimentos rápidos: verduras, empanados, patatas, nuggets o pescado. Pero hay preparaciones largas o voluminosas donde el horno sigue siendo prácticamente insustituible. Panadería, asados grandes o recetas que necesitan cocción lenta continúan dependiendo más del horno convencional. No se trata tanto de jubilar un electrodoméstico como de entender cuándo conviene usar cada uno.

Fotos | En Pexels: FOX ^.ᆽ.^= ∫ .

En DAP | Fácil, rápida y deliciosa: esta ensalada de pasta crujiente se prepara en 20 minutos con ayuda de la freidora de aire

En DAP | La forma más fácil de limpiar la resistencia de la airfryer pasa por ponerla al revés


Inicio