En busca de los auténticos Miguelitos: el dulce de La Roda que conquistó la autopista

En busca de los auténticos Miguelitos: el dulce de La Roda que conquistó la autopista
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Juan José Fernández señala un envoltorio enmarcado de la confitería Blanco. Fue en esta pastelería de La Roda (Albacete) donde nacieron los Miguelitos, el dulce que toda una generación de españoles ha traído de vuelta a sus casas tras pasar las vacaciones en Benidorm, Alicante o Murcia.

Fernández (en la foto de apertura a la derecha, junto a su mujer, su hija y su yerno) es uno de los dos pasteleros de La Roda que aprendieron a confeccionar los Miguelitos tal cual los concibió su creador, el repostero Manuel Blanco.

Nadie sabe a ciencia cierto cuándo se inventaron los Miguelitos, aunque hay consenso en torno a que debieron nacer a principio de los años 60. Poco después, su creador falleció de un problema cardíaco, con solo 52 años, sin conocer ni por asomo la importancia que adquiriría para su pueblo el dulce.

“[Cuando se inventó el Miguelito] se hacían muy poquitos, no se vendían apenas”

“Manuel Blanco aprendió confitería en Pamplona, él se fue de joven allí y le enseñaron”, explica Fernández a Directo al Paladar. “Él siempre hacía cosas nuevas, inventaba. El Miguelito no es que se vendiera mucho, pero bueno. De hecho, cuando no se conocía, se daban en las bodas partidos por la mitad y rellenos con merengue. Se pegaba la tapa una con otra y era uno de los pasteles que se ponía en las bodas. Y a raíz de esto se fue conociendo. Pero se hacían muy poquitos, no se vendían apenas”.

Su nombre fue un primigenio invento de marketing: se puso en honor de Miguel Ramírez, un conocido actor de teatro de La Roda, amigo de Blanco, más conocido como Miguelito.

Tras la muerte de Blanco, sus hijos decidieron cerrar el negocio y Fernández y su compañero en la pastelería, Isidoro Collado, montaron sendas confiterías, Fernández y Collado, donde se sigue preparando el Miguelito como antaño: un hojaldre rectangular que se hornea, se baña a mano en un almíbar suave y se rellena de crema pastelera.

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Fernández señala el envoltorio de los pasteles de la extinta confitería Blanco, donde nacieron los Miguelitos.

La llegada del Miguelito a la carretera

Probablemente, el Miguelito no habría pasado de ser una especialidad repostera local, como hay cientos en España, sino fuera por el trabajo de otras confiterías que modificaron la receta para producir el dulce a gran escala y se pusieron a venderlo a todo el que pasaba por La Roda en su camino de vuelta de la playa.

La confitería La Moderna, que sigue situada en la antigua carretera nacional, cambió la cobertura de almíbar por azúcar glas, un acabado rápido que ahorra el laborioso bañado del hojaldre, lo que acelera enormemente su fabricación.

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El auténtico Miguelito se remata con un baño de almíbar suave.

El Miguelito más conocido está rematado con azúcar glas, pues es el que se empezó a vender en las gasolineras

“Fue sobre los años 80 cuando se empezaron a hacer famosos”, asegura Fernández. “Se conocían por La Moderna, que eran los que estaban en la carretera”. Y es por ello por lo que hoy la versión de azúcar glas es más conocida que la bañada en almíbar.

“El blanco es el que se ha repartido por las gasolineras”, confirma María Dolores Fernández, hija de Juan José y actual responsable de la confitería desde que se jubilara su padre. “Nosotras no repartimos en ningún sitio. Esto se compra aquí exclusivamente y se rellena de crema en el momento. De hecho nos han llamado para mandar y no mandamos ni servimos. Es que no merece la pena. Dentro de lo que cabe, vamos bien”.

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Eloy Avendaño, a la derecha, junto a su padre, del mismo nombre, director y gerente de la fábrica.

El impero de los Miguelitos

Pero hay quien tenía planes más ambiciosos para el hojaldre que ha puesto a La Roda en el mapa.

“Llevamos bastantes años ya que no paramos de crecer”, asegura el director de marketing de Miguelitos Ruiz

Tras La Moderna, el gran impulsor del dulce ha sido Miguelitos Ruiz: hoy por hoy, el obrador que más dulces vende de toda La Roda y el único que reparte online a toda España.

Nos recibe en un despacho con vistas a la A-31 Eloy Avendaño Ruiz, director de Marketing y Tecnología de una empresa familiar que cuenta ya con más de 40 empleados y una facturación anual que alcanza los tres millones de euros, no solo gracias a los Miguelitos, sino también a las tortas para hacer gazpachos manchegos, que vende incluso a Mercadona.

Su enorme obrador, situado en una vía de servicio de la autopista, cuenta desde unos años con una tienda y un enorme parking al que no dejan de llegar coches a llevarse cajas y cajas del dulce.

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Lo que era un pequeño despacho anexo a la fábrica se ha convertido en una gran tienda en la que se detienen a diario cientos de vehículos.

“Va muy bien la expansión de los Miguelitos”, confirma Avendaño. “Llevamos bastantes años ya que no paramos de crecer. Se vende en la página web y se reparte a cualquier punto de España. Y en todo lo que es la autovía tenemos reparto propio. Vendemos en gasolineras, restaurantes, en un montón de lados. Tenemos repartidores y repartimos a 100 km en la redonda”.

Ruiz era una antigua panadería, fundada en 1951 por el abuelo de Eloy, que supo ver el potencial de los Miguelitos, llevando estos al mismo nombre de la compañía. Su obrador fue el primero que comenzó a vender el dulce en la Feria de Albacete, algo que asegura Avendaño fue clave para su expansión: “Ahora es una cosa más de tantas, pero antes estábamos allí 12 personas vendiendo Miguelitos y no dabas abasto”.

Ruiz fue, también, el primer obrador que introdujo el Miguelito de chocolate. “Cuando lo sacamos, las demás confiterías del pueblo nos decían que qué hacíamos, era pecado, y luego resulta que al año o dos años nos copiaron todos, así que tan mal no lo estábamos haciendo”, explica Avendaño.

En su portfolio hay ya Miguelitos fritos, con cobetura de chocolate y, también, El Original 1951, su versión del Miguelito primigenio con un fondant glaseado (algo distinto al de las confiterías del pueblo), que hace referencia al año en que se fundó su panadería.

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En Ruiz han diseñado máquinas ad hoc para cortar o rellenar los Miguelitos.

Hay negocio para todos

En un mercado en el que compiten siete confiterías, sería lógico que aparecieran ciertos resquemores entre ellas, máxime con la diferencia que hay en la elaboración de dulce, que va del cortado y rellenado a mano a la automatización de casi todos los procesos. Pero una idea se repite entre los reposteros: hay mercado para todos y cada uno tiene su público.

Las confiterías, de hecho, trabajan juntas en una asociación de productores, creada con el apoyo del Ayuntamiento de La Roda, que logró en 2015 registrar la marca, algo que nunca se le ocurrió a su creador, para que solo las pastelerías del pueblo pudieran usar el nombre de “Miguelito”.

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Merece la pena salir de la autopista y visitar las confiterías donde se elaboran los Miguelitos más artesanales,pero, si vas con prisa, los que se venden en la autopista son más que dignos (y se encuentran en muchos más sitios).

Lo importante, en cualquier caso, es consumirlos rápido –los de Ruiz aguantan más, pues tienen la crema pasteurizada– y nunca aplastarlos, una moda de la que en La Roda son firmes detractores: “La gente lo aplasta y cuando hacen eso me cabreo un montón”, concluye María Dolores. “¡Con lo que cuesta que suban! Eso da mucha rabia. Estás viendo cómo crece y van y lo aplastan”.

Y una cosa más, nos dice: “Tampoco hay que llevarlos en el maletero, en pleno verano. ¡vamos a ver!”

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