Las crêpes, filloas y frixuelos son, desde el punto de vista científico, masas elásticas que se pueden doblar sobre sí mismas. Pero, ¿cuántas veces es posible hacerlo? ¿Cuántos dobleces admite un crepe o una tortilla de trigo antes de romperse? Un joven investigador ha dado con la respuesta.
No será el descubrimiento científico del año, pero seguro que en Francia estarán muy agradecidos a su compatriota, el físico Tom Marzin, por haber dado con la fórmula perfecta para saber cuántas veces puede doblarse uno de sus productos más icónicos. Cualquier masa de este tipo debería admitir, al menos, doblarse por la mitad para acoger un relleno; cuatro dobleces suele ser el límite máximo más popular, pero no es el límite.
Al menos, no de todas las masas, pues la flexibilidad de un material depende de la interacción entre la gravedad y la elasticidad.
Tom Marzin, especializado en la investigación sobre la materia blanda, trabajando actualmente en la Universidad de Cornell en Ithaca (Nueva York), se fijó en cómo doblaban la masa de crepes típicas que preparan en la región de Bretaña, en su Francia natal, donde suele pasar las vacaciones. Se dio cuenta de que, cuando solo se doblaba una punta, esta se volvía a enderezar, pero se manteía inmóvil si se practicaban pliegues más grandes.
Para indagar en este curioso comportamiento de la fina masa convirtió la cuestión en un proyecto de investigación cuyos resultados acaba de publicar y presentar en la Sociedad Americana de Física en Denver, Colorado. Marzin explica que, aunque a simple vista parece que se podrían aplicar los mismos principios que a la técnica de origami, ampliamente estudiada por matemáticos y otros científicos, una masa como la de las crepes y tortillas responden a otros comportamientos físicos.
“Lo que analizamos aquí es lo que yo denomino un pliegue suave o flexible”, explica el investigador. “Y se trata simplemente de una competencia entre la gravedad y la elasticidad”. Descubrió que podía predecir cuánto se estira una crêpe al dejarla colgando en el borde de una mesa con un solo número, llamado «longitud elasto-gravitatoria», que combina la densidad del material, su rigidez y la fuerza de la gravedad. Y también comprobó que ese número podía predecir el comportamiento de otros materiales flexibles análogos en diferentes situaciones.
Eso sí, tuvo que pedirle ayuda a su madre en Francia, porque Marzin no tenía la pericia necesaria para preparar crepes tan finas como se hacen en su país. “Le pedí que comprara unos calibres, unas reglas y un montón de crepes de una marca comercial. Probablemente estaban hechos a máquina, por lo que eso garantiza un grosor uniforme”, cuenta en declaraciones a New Scientist.
Gracias a su investigación, Marzin confirma que todos los aspectos del plegado de estas masas dependen de la longitud elasto-gravitatoria, la cual determina qué parte del área de una lámina que se pliega quedará en la parte que se enrolla. Y así se puede saber si habrá suficiente área plana para hacer otro pliegue.
A efectos prácticos, esto se traduce en que una crepe de 26 centímetros de diámetro con menos de 1 cm de grosor se puede doblar hasta cuatro veces, mientras que una tortilla de trigo de 1,5 mm de grosor del mismo tamaño solo admitirá dos pliegues; porque la tortilla tiene una longitud elasto-gravitatoria 3,4 veces mayor.
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