Lentejas una vez a la semana. Es una regla no escrita pero inquebrantable que se ha cumplido, y se cumple, en casa de mis padres desde que tengo uso de razón. Ahora yo preparo las lentejas guisadas típicas, pero a veces vuelvo a la infancia con la receta con la que mi madre nos enganchó a los niños a comer legumbres desde pequeñitos. Es reconfortante, nutritiva y facilísima.
No tiene mucho misterio y ella nunca le puso nombre, pero se trata, grosso modo, de la receta de crema essau de lentejas. En media hora puede estar lista para comer o cenar si la preparamos como siempre hacía ella, usando lentejas ya cocidas de bote. Eso sí, que sean de buena calidad, mejor de variedad pardina, de una marca de confianza. O podemos cocer las lentejas en casa previamente, si tenemos tiempo.
Pero se trata aquí de dar una fórmula rápida y apetecible de tener un reconfortante plato de cuchara bien saludable que además sienta muy bien, pues los purés o cremas de lentejas suelen ser más digestivos con el potaje tal cual, más aún si lo pasamos por el colador chino y, obviamente, no usamos embutidos.
Mi madre las hacía dedicándoles algo más de tiempo haciendo el sofrito sin prisa, y a veces añadía más verduras, con un poco de ajo, zanahoria, calabacín o algún trozo de calabaza, además de alguna patata pelada y chascada. Si solo usas cebolla y puerro, es importante cocer las lentejas con caldo de verduras para darle buen sabor.
Un plato súper fácil que gustará a los más pequeños, si les cuesta comer legumbres, y que sienta también muy bien para la cena, saciante y nutritivo, pero sin dejar pesadez. Ideal para los días gélidos de invierno.
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