Ni engordan, ni aumentan el colesterol: los científicos coinciden en que los lácteos enteros son más saludables que los desnatados

La grasa de la leche o el yogur no solo no es perjudicial, sino que además tiene beneficios nutricionales que no aportan los lácteos desnatados

Lacteos
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Liliana Fuchs

Editor

Llevamos décadas obsesionados con los lácteos desnatados. Ha pasado ya tiempo desde el boom de la leche desnatada, que llegó a España en 1980, y, pese a la nueva moda de las proteínas, los productos 0% siguen resistiendo en el lineal del súper. La publicidad nos ha metido entre ceja y ceja que la grasa de los lácteos es mala, pero la ciencia cada vez tiene más claro justamente lo contrario.

Sirva como ejemplo un nuevo estudio publicado en The Journal of Nutrition, elaborado por investigadores de de la Universidad de Toronto (Canadá), que no solo confirma que los lácteos enteros no son perjudiciales, sino que señala múltiples beneficios en su consumo habitual en todas las etapas de la vida.

Aunque se trata de un trabajo financiado por el Grupo de Investigación Láctea 3 en el marco del Programa de Agrociencia de la Alianza Agrícola Canadiense, coincide con las conclusiones de estudios previos que ya apuntaban a las ventajas que aportan las versiones completas de alimentos como la leche o el yogur, incluso dentro de una dieta de pérdida de peso o de mantenimiento. 

Para llevar a cabo su investigación, los autores realizaron un estudio aleatorizado, paralelo y ciego simple de 12 semanas en 74 participantes, adultos con sobrepeso u obesidad. Se les asignaron aleatoriamente una de tres dietas: baja en lácteos y con restricción calórica; neutra en calorías con tres porciones diarias de lácteos; o sin restricciones con tres porciones diarias de lácteos. También recibieron asesoramiento nutricional y se les proporcionaron productos lácteos enteros.

Tras esas 12 semanas, no se observaron diferencias significativas ni el aumento de peso, ni la composición corporal ni los niveles de colesterol. Es más, los participantes que consumieron más lácteos mostraron mejoras en la presión arterial y tuvieron una mayor ingesta de calcio, proteínas y vitamina D.

Harvey Anderson, profesor de la Universidad de Toronto y autor principal del estudio, apunta a la matriz láctea como la clave para explicar la disonancia que parece haber entre los supuestos efectos perjudiciales de las grasas saturadas y los beneficios que aportan los lácteos enteros.

“Los productos lácteos contienen dos proteínas —la caseína y el suero— que están unidas entre sí con grasa y mezcladas con nutrientes”, explica. Así, esa unión produce una la liberación lenta y constante de nutrientes en los productos lácteos que amplía sus beneficios más allá de la suma de los nutrientes aislados. Esto explicaría por qué no consiguen los mismos efectos saludables los lácteos desnatados a los que se añaden las vitaminas y minerales perdidos al quitarle la grasa. Además, los lácteos enteros son mucho más saciantes, lo que puede tener efectos positivos en una dieta de adelgazamiento.

Además, Anderson sugiere que el consumo de tres lácteos enteros al día podría ser especialmente beneficioso en personas mayores, que tienen unas necesidades energéticas menores y pueden encontrar dificultades para cubrir todas sus necesidades nutricionales básicas, sin que tenga efectos negativos en el colesterol, el azúcar en sangre o el peso corporal.

Los autores concluyen que este trabajo refuerza también la tesis de que la investigación en ciencias de la nutrición y las recomendaciones dietéticas debería abordarse desde una perspectiva basada en los alimentos completos, en lugar de centrarse en nutrientes aislados. Y concluye Anderson: “No te compliques, come  alimentos variados y no te excedas con ninguno”.

Imágenes | Magnific/nensuria

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