El pueblo navarro que no está en Navarra, solo tiene tres calles y acoge la casa museo de nuestro más famoso premio nobel

Se trata de uno de los pocos exclaves de nuestro país: un territorio separado geográficamente por completo del lugar al que pertenece

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Liliana Fuchs

Editor

En el valle del río Orsella, a casi 900 metros de altitud y en dos enclaves de la provincia de Zaragoza, se encuentra un pequeño pueblo que, pese a su situación geográfica, no es aragonés, sino navarro. Y es que para llegar a Petilla de Aragón se da la curiosa circunstancia de que hay que abandonar Navarra, pero la villa pertenece oficialmente al partido judicial de Aoiz, merindad de Sangüesa. 

No son muchos los exclaves que se reparten por España, denominación que recibe un territorio separado de su entidad principal, como una isla geográfica que pone una anomalía en los mapas. En el caso particular de Petilla, esta circunstancia responde a un episodio histórico concreto que se remonta a los tiempos medievales y a la posición estratégica que jugaba gracias a su castillo fortaleza.

En el siglo XIII, el rey Pedro II de Aragón pidió un préstamo de 20.000 maravedíes de oro a Sancho VII de Navarra para financiar sus campañas militares, avalándolo con las fortalezas de Petilla, Peña, Escó y Gallur; tenía 20 años para poder devolver la deuda, pero el pobre Pedro murió en batalla antes de poder saldarla. Tampoco liquidó el préstamo su heredero, Jaime I el Conquistador, así que en el año 1231 Petilla de Aragón pasó a ser oficialmente parte del reino de Navarra. Y así ha permanecido hasta hoy.

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En la actualidad, Petilla cuenta con menos de 30 habitantes censados y mantiene un trazado profundamente medieval, con viviendas y edificios distribuidos a lo largo de apenas tres calles, aunque, a efectos prácticos, casi se podría decir que se distribuye su urbanismo en torno a una sola vía, la calle Mayor. Uno de sus grandes atractivos, además de la curiosidad de su ubicación, es el entorno natural que la rodea, con frondosos bosques que cambian de colores a lo largo del año y con unas vistas panorámicas de postal.

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Pero también Petilla por sí misma merece una visita, pues además de tener el encanto de una casi aldea medieval construida en piedra, conserva elementos patrimoniales de gran valor como el lavadero antiguo, la iglesia de San Millán o, la joya del pueblo, la casa museo de Santiago Ramón y Cajal. Porque nuestro primer y más internacional premio nobel nació aquí en 1852, y la que fuera la vivienda que le vio nacer se mantiene hoy reconvertida en un centro de divulgación y homenaje a la figura del médico y científico.

La casa reproduce cómo sería la vivienda y la vida en el siglo XIX; y también está acondicionada como pequeño museo con una exposición sobre la figura de Ramón y Cajal, sus trabajos y su vida, con reproducciones de sus títulos, condecoraciones, objetos personales, instrumentos científicos y todo tipo de curiosidades. Para visitarlo hay que pedir cita previa por teléfono o acudiendo directamente al Hostal Santiago Ramón y Cajal, donde es posible alojarse y también disfrutar de buena comida con unas vistas espectaculares en su terraza mirador.

Petilla de Aragón merece una visita como punto de partida, meta o etapa en el camino de una ruta por la zona, que ofrece innumerables atractivos para senderistas, excursionistas o amantes de la naturaleza. Muy cerca está, por ejemplo, el fascinante cañón de la Foz de Lumbier, cruzada por una vía verde y donde no es difícil observar a los buitres que habitan por la zona.

Imágenes | Turismo de Navarra - Wikimedia Commons/Jialxv

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