Cuando pensamos en el País Vasco durante el verano, es casi automático imaginar sus playas salvajes, sus villas marineras con sabor a salitre y las largas sobremesas junto al mar Cantábrico. San Sebastián, Zarautz, Getaria o Lekeitio copan las conversaciones y las guías turísticas, como si todo lo que tuviera que ver con el agua en Euskadi quedara exclusivamente en la costa.
Sin embargo, basta alejarse unos kilómetros del rugido de las olas para descubrir que también en el interior hay formas de refrescarse, de disfrutar del entorno natural y, de paso, sorprenderse con lugares que muchos todavía no conocen. Uno de esos rincones es Peñacerrada, un pequeño pueblo de Álava que esconde una ruta de agua tan inesperada como encantadora: la de la Cascada de Herrerías.
Peñacerrada, también conocida en euskera como Urizaharra, está situada en la cuadrilla de Laguardia-Rioja Alavesa, al suroeste de Álava. Muy cerca de la frontera con La Rioja, este pueblo se asienta en una zona de transición entre el paisaje más atlántico del norte y las tierras más secas y soleadas del sur.
Su origen se remonta al siglo XII, cuando fue concebido como villa fortificada. De hecho, todavía conserva buena parte de su recinto amurallado, con dos puertas de acceso y restos de torres que evocan su pasado medieval. Pasear por sus calles estrechas, flanqueadas por casonas de piedra, es como abrir un libro de historia al aire libre. Pero si algo sorprende aún más es que, en este entorno aparentemente seco, Peñacerrada sea también la puerta de entrada a una de las rutas de agua más bellas del interior vasco.
Puerta sur de la muralla de Peñacerrada. © Cuadrilla de Montaña Alavesa.
La llamada Ruta del Agua de Peñacerrada lleva hasta la Cascada de Herrerías, un salto de agua que brota en medio del bosque y que parece sacado de un rincón pirenaico. Para llegar hasta ella, el recorrido parte desde el mismo núcleo urbano, lo que convierte esta ruta en una experiencia cómoda y accesible.
El camino comienza junto a una antigua fuente y pronto se adentra en un sendero arbolado que sigue el cauce del arroyo Herrerías. Este curso de agua, aunque modesto, ha modelado el terreno durante siglos y ha creado un pequeño paraíso natural.
Cascada de Herrerías.
A lo largo del paseo, el caminante se encuentra con antiguos molinos, restos de conducciones de agua y una vegetación que va ganando densidad conforme se avanza. Todo esto aporta una sensación de frescor que contrasta con el calor del verano alavés. Después de aproximadamente 1,5 kilómetros de caminata, aparece la cascada.
No es un salto espectacular en altura, pero sí lo bastante hermoso como para dejarse admirar. El agua cae formando una cortina sobre una pared de roca musgosa, rodeada de helechos y árboles altos que apenas dejan pasar la luz. En los días más calurosos, el lugar se convierte en un auténtico refugio climático, ideal para hacer una parada, mojarse los pies o simplemente descansar.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Penacerrada/Urizaharra.
El entorno está perfectamente acondicionado, con paneles informativos que explican la flora y la fauna del lugar, así como su uso tradicional por parte de los habitantes de Peñacerrada.
Interior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Penacerrada/Urizaharra.
La ruta completa, ida y vuelta, no supera los tres kilómetros, por lo que es apta para todas las edades y no requiere una preparación física especial. Además, se puede realizar en cualquier época del año, aunque es en primavera y a comienzos del verano cuando el caudal de la cascada es más generoso y el verdor del bosque está en su máximo esplendor.
Restos del Monasterio de Santa María de Toloño. ©Ayuntamiento de Peñacerrada.
Más allá de la ruta de la cascada, Peñacerrada ofrece otros atractivos que merecen una visita. La iglesia de Nuestra Señora de la Peña, con su portada gótica y su retablo renacentista, es uno de ellos. También vale la pena acercarse a la muralla medieval, subir a alguna de sus torres y contemplar las vistas sobre el valle circundante. Y, sobre todo, una ruta hacia para descubrir los impresionantes restos del Monasterio de Santa María de Toloño.
Imágenes | Ayuntamiento de Peñacerrada