Adiós al falso 'trufado': si no lleva trufa natural, ningún producto puede calificarse como tal si solo lleva aromas

Los productores consiguen una gran victoria, avalada por el Ministerio de Agricultura, frente a la industria

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Los productores de trufa de Aragón han conseguido una de sus victorias más históricas a nivel legislativo, y no se trata solo de reforzar todavía más el prestigio de su producto, sino de cerrar la puerta a errores, equívocos y falsas apariencias al definir qué puede considerarse realmente un alimento trufado en el mercado. 

A partir de ahora, el Ministerio de Agricultura ha atendido una reclamación que el sector llevaba años planteando: ya no se podrá vender como “trufado” un producto que no lleve ni rastro de trufa auténtica y que solo utilice aromas para imitar su sabor o su olor.

La decisión supone un cambio de fondo en un terreno donde hasta ahora había demasiada ambigüedad. Durante años, numerosos alimentos se presentaban al consumidor con referencias a la trufa cuando, en realidad, no incorporaban este hongo en su composición. 

En muchos casos, el reclamo comercial descansaba únicamente en compuestos aromáticos, ya fueran sintéticos o naturales, pensados para evocar la experiencia de la trufa sin incluir el ingrediente real. Esa práctica, según denunciaba el sector aragonés, generaba una imagen distorsionada del producto y perjudicaba tanto a quien compra como a quien cultiva y recolecta trufa de verdad.

Adiós al timo del 'trufado'

No era una protesta reciente. Las organizaciones vinculadas a la trufa negra de Aragón venían insistiendo desde hace tiempo en la necesidad de ordenar el etiquetado. Entre ellas figuran la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Aragón, la Asociación de Jóvenes Truficultores de Teruel y Truzarfa, integradas en el Grupo de Cooperación Trufa Negra d’Aragón. 

Desde ese ámbito se interpretó la medida aprobada por el Ministerio como un paso histórico para proteger uno de los productos más emblemáticos de la gastronomía española y, al mismo tiempo, para asegurar que el consumidor reciba información veraz.

trufa

El nuevo criterio es claro. La palabra “trufado” queda reservada exclusivamente para aquellos alimentos que contengan trufa natural, sin importar la especie empleada. Dicho de otra manera, ya no bastará con añadir un aroma con recuerdo a trufa para colocar ese término en la etiqueta. 

Esa sola modificación cambia mucho. Obliga a ajustar mensajes comerciales que hasta ahora podían sugerir una calidad o una composición que no se correspondía con el contenido real del producto.

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Y también cuánta trufa

La norma incorpora además otro punto muy demandado por el sector: la obligación de indicar el porcentaje exacto de trufa presente en el alimento. Ese dato deberá aparecer junto a la denominación del producto o dentro de la lista de ingredientes. La exigencia busca acabar con otra práctica frecuente en el lineal, la de productos que exhiben la trufa como elemento central pese a incluir cantidades ínfimas. 

Ahí es donde estaba una de las mayores quejas de los productores, porque muchas veces el consumidor cree estar comprando un alimento con una presencia relevante de trufa cuando en realidad contiene una proporción mínima y el grueso de la elaboración corresponde a otros ingredientes, incluidos hongos más comunes como el champiñón.

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También se fijan reglas concretas para los aromas. Cuando un alimento utilice aromas de síntesis o incluso aromas naturales que recuerden a la trufa, deberá expresarlo con fórmulas inequívocas como “sabor a trufa” o “con aroma de trufa”. 

Con ello se pretende evitar que el cliente confunda una evocación aromática con la presencia real del ingrediente. Y en los casos mixtos, es decir, cuando se combine trufa natural con aromas reforzantes, la etiqueta tendrá que indicarlo de forma explícita mediante expresiones como “elaborado con trufa y aromas”.

La medida no solo mejora la transparencia. También protege económicamente a un sector que llevaba tiempo denunciando competencia desleal. Aragón es una potencia mundial en trufa negra, la Tuber melanosporum, con cerca de 11.000 hectáreas de cultivo y una producción muy concentrada en Huesca y Teruel.

Su prestigio internacional ha impulsado además las exportaciones, con ventas que rondan los 34 millones de euros y destinos destacados como Francia, Italia, Alemania y Reino Unido. En ese contexto, blindar el nombre del producto significa evitar que el valor añadido acabe en manos de quienes comercializan simples imitaciones aromáticas bajo denominaciones engañosas.

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