España se enfrenta a los países nórdicos por el cambio de etiquetado de la sidra: “La gente sabe si está comprando una sidra industrial barata"

Bruselas estudia una definición común para la sidra en la UE que enfrenta a productores tradicionales con marcas escandinavas de bebidas saborizadas

Sidra
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Joana Costa

Editor

La sidra se ha convertido en la última manzana de la discordia en Bruselas. La Comisión Europea trabaja en una propuesta para ordenar el etiquetado de esta bebida dentro de la Unión Europea, pero el intento de poner límites a qué puede llamarse "sidra" ha abierto un pulso entre países productores tradicionales, como España y Francia, y fabricantes del norte de Europa, donde triunfan versiones saborizadas con frutas como sandía, arándanos o frutos rojos. 

Según han publicado en Financial Times, eurodiputados de Suecia, Dinamarca y Finlandia se oponen a que esos productos pierdan la denominación de sidra. En medio de todo, el fondo del conflicto es sencillo de entender: no todas las sidras europeas se parecen. 

Fermentación del mosto de manzana

En Asturias, Euskadi o Normandía, la sidra se asocia a la fermentación del mosto de manzana o pera, con una fuerte carga cultural y gastronómica. En cambio, en los países nórdicos, el mercado se ha orientado durante años hacia bebidas más dulces, carbonatadas y aromatizadas, vendidas también bajo el nombre de cider

En medio de esta confusión, Bruselas intenta ahora fijar estándares comunes para evitar que productos muy distintos compitan con la misma etiqueta.

La propuesta inicial de la Comisión apuntaba a reservar la denominación de sidra para bebidas elaboradas mayoritariamente con zumo de manzana o pera, mientras que las versiones con menor contenido de fruta o con sabores añadidos pasarían a denominarse "bebidas a base de sidra". 

Esa distinción beneficiaría claramente a productores tradicionales de España y Francia, pero ha provocado el rechazo de empresas y representantes políticos nórdicos, que la consideran una medida proteccionista y confusa para el consumidor.

División del mercado europeo

El gigante cervecero Carlsberg, propietario de la marca Somersby, también ha entrado en el debate. Según recogió Financial Times, la compañía sostiene que el cambio dividiría innecesariamente el mercado europeo por criterios culturales y geográficos, justo cuando Bruselas insiste en reforzar la competitividad del mercado único.

Cinco eurodiputados han firmado un artículo de opinión en el que aseguran que la nueva regulación no ayuda en nada a los consumidores: : "Según la Comisión, la preocupación es que la gente no distingue entre las sidras refrescantes comerciales y los productos regionales tradicionales, como las sidras de Normandía o Asturias. Esta opinión subestima considerablemente a los consumidores".

En declaraciones al Financial Times un diplomático de la UE respalda esta opinión: "La gente sabe si está comprando una sidra artesanal de 20 euros o una industrial barata". Pese a esto, cree que se acabará imponiendo un nuevo etiquetado.

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España observa la negociación con especial interés porque la sidra forma parte de su patrimonio alimentario, especialmente en Asturias y el País Vasco. La Sidra de Asturias cuenta con Denominación de Origen Protegida y el Ministerio de Agricultura recuerda que los productos con figuras de calidad diferenciada están protegidos por normativa europea precisamente para garantizar requisitos superiores a los productos convencionales.

El debate llega, además, en un momento en el que el etiquetado de las bebidas alcohólicas está bajo revisión constante en Europa. La Comisión Europea recuerda que las bebidas con más de 1,2% de alcohol están exentas, por ahora, de incluir obligatoriamente lista de ingredientes y declaración nutricional, aunque desde hace años se estudia cómo mejorar la información que recibe el consumidor.

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Para los defensores de la sidra tradicional, el problema no es que existan bebidas saborizadas, sino que compartan el mismo nombre que un producto elaborado bajo criterios muy distintos

Su argumento es que el consumidor debe poder diferenciar entre una sidra fermentada de manzana y una bebida industrial con base alcohólica, aromas o sabores añadidos. Para los países nórdicos, en cambio, esa separación castigaría una categoría que ya tiene recorrido comercial y reconocimiento entre sus consumidores.

Bruselas ha introducido una vía de compromiso con varias categorías: una sidra clásica elaborada íntegramente con zumo, una sidra con un contenido mínimo de fruta y una tercera categoría para bebidas con menor proporción de zumo o ingredientes añadidos. La Comisión no quiere avanzar sin un apoyo amplio de los Estados miembros y del propio sector.

La batalla puede parecer menor, pero toca una cuestión muy sensible en Europa: hasta qué punto una palabra tradicional puede adaptarse a nuevos productos sin perder su significado original. Ya ocurrió con el queso, el vino, la miel o determinados productos cárnicos. Ahora le toca a la sidra, una bebida que en España todavía huele a escanciado y manzana, mientras en otros mercados europeos se sirve como refresco alcohólico de sabores.

Lo que se decida en Bruselas marcará cómo se venderán estos productos en los próximos años. Para España, una definición más estricta permitiría proteger mejor una elaboración tradicional y diferenciarla de las bebidas saborizadas. Para los países nórdicos, en cambio, supondría cambiar el nombre de productos que llevan años ocupando lineales y barras bajo la etiqueta de cider. La sidra, de pronto, ya no solo se escancia: también se negocia.

Fotos | En Pexels: Matvei y Anna Pyshniuk.

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