A simple vista parecen una bolsa de papel de toda la vida, pero muchas no deberían acabar en el contenedor azul. Es el caso de las bolsas de pan con ventana transparente o de numerosos envases para alimentos preparados, que suelen estar fabricados con una combinación de materiales que dificulta su reciclaje junto al papel.
Según explica Katharina Istel, experta en envases de la organización ambiental alemana NABU (Unión para la Conservación de la Naturaleza y la Biodiversidad), en declaraciones recogidas por la cadena pública alemana SWR, los envases de papel destinados a alimentos grasos, húmedos o líquidos deben depositarse en el contenedor de envases, ya que incorporan capas de plástico u otros materiales para proteger el contenido.
Entre los ejemplos más habituales se encuentran las bolsas de pan con una ventana transparente, las cajas de comida preparada o algunos envases de aperitivos. Aunque el exterior sea de papel, el interior suele incorporar una película plástica o un recubrimiento especial que impide tratarlos como papel convencional.
Estos productos forman parte de los llamados envases compuestos, una categoría definida por la Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania (Umweltbundesamt). Se trata de envases fabricados con dos o más materiales, como papel y plástico o papel y aluminio, unidos de forma permanente y que no pueden separarse manualmente.
La combinación de materiales mejora la conservación de los alimentos, aumenta la resistencia del envase y evita filtraciones, pero también complica el proceso de reciclaje. Al no poder separar fácilmente cada componente, necesitan un tratamiento diferente al del papel limpio.
El doctor Arne Krolle, experto en papel, también explicó a SWR que estos materiales mezclados pueden contaminar el reciclaje del papel. Cuando llegan a las plantas de tratamiento, dificultan la separación de fibras y reducen la calidad del material reciclado, lo que en algunos casos obliga incluso a desechar parte de la carga.
Falsa sensación de sostenibilidad
Desde NABU y el Servicio de Consumidores de Baviera advierten además de que muchos de estos envases transmiten una imagen de sostenibilidad que no siempre se corresponde con su composición real. El predominio del papel en su diseño puede hacer pensar que son totalmente reciclables como papel, cuando en realidad contienen plásticos o recubrimientos invisibles.
La Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania señala que esta apariencia puede contribuir al llamado greenwashing o ecoblanqueo, una práctica por la que un producto parece más respetuoso con el medio ambiente de lo que realmente es debido a su aspecto o a determinados elementos de su diseño.
Como norma general, los envases vacíos fabricados con plástico, metal o materiales compuestos deben depositarse en el contenedor de envases. Cuando exista duda, conviene fijarse en si el envase combina distintos materiales unidos entre sí. Si es así, lo más probable es que no deba ir al contenedor azul del papel, aunque a primera vista lo parezca.
Fotos | IA y Robert So