La experta en ecologismo Bárbara Lacroix avisa: "Es mejor cambiar el papel de hornear por estas láminas fáciles de usar"

Expertas en sostenibilidad cuestionan uno de los productos más normalizados del hogar y proponen sustituirlo por opciones reutilizables

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Joana Costa

Editor

Hay objetos que han conseguido algo muy difícil: colarse en todas las cocinas sin que nadie se pregunte demasiado qué hacen ahí. El papel de horno es uno de ellos. Vive enrollado en un cajón, aparece cada vez que hay pizza, galletas o verduras al horno y se usa con la misma naturalidad con la que se abre una bolsa de patatas un domingo por la noche. Práctico, sí. Intocable, quizá no tanto.

La cocina doméstica lleva años abrazando pequeños gestos “eco” que a veces son más estéticos que reales. Botellas reutilizables, bolsas de tela y cepillos de bambú conviven después con montañas de productos desechables que pasan desapercibidos porque tienen buena prensa. Y ahí entra el papel vegetal, ese accesorio aparentemente inocente.  "Es mejor cambiar el papel de hornear por estas láminas fáciles de usar", aconseja.

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Un reciclaje difícil

La divulgadora ambiental Bàrbara Lacroix, conocida en redes como @ceroresiduo, explica que el problema está en su composición. Aunque muchas personas lo asocian al papel tradicional, este producto suele incorporar recubrimientos antiadherentes que dificultan o directamente impiden su reciclaje. El resultado es un utensilio de usar y tirar que acaba en la basura tras apenas unos minutos de horno.

La alternativa que propone no tiene demasiado misterio ni requiere una revolución culinaria digna de programa de televisión. Lacroix recomienda sustituirlo por láminas de silicona reutilizables, capaces de soportar altas temperaturas y utilizarse durante años. Son fáciles de limpiar, evitan residuos constantes y, además, eliminan esa pequeña frustración cotidiana de quedarse sin papel justo cuando ya está la masa preparada.

El debate no gira solo alrededor de un rollo de cocina. Según organizaciones como Greenpeace o Zero Waste Europe, gran parte del problema ambiental doméstico está relacionado con productos de un solo uso que se han normalizado hasta parecer imprescindibles. El papel de horno entra en esa categoría silenciosa que rara vez genera culpa porque no tiene el aspecto dramático del plástico tradicional, sino que su aspecto es incluso friendly.

Sacar el piloto automático

También hay especialistas que recuerdan que el cambio sostenible no consiste en convertir la cocina en un laboratorio ascético donde todo sea reutilizable y perfectamente ecológico. La clave, más bien, está en reducir aquello que se consume de forma automática. Igual que ocurrió con las cápsulas de café o las servilletas de papel en exceso, muchas veces el primer paso es simplemente hacerse la pregunta incómoda de si de verdad hace falta.

Las láminas de silicona reutilizables llevan años utilizándose en cocinas profesionales y obradores precisamente por esa resistencia y durabilidad. Además, permiten cocinar prácticamente igual que el papel convencional, algo importante porque nadie quiere sacrificar unas patatas crujientes por sentirse mejor con el planeta. 

En el fondo, esta discusión tiene algo muy contemporáneo que pasa por el hecho de que la cocina actual está llena de pequeños inventos pensados para ahorrar tiempo, aunque a veces terminen multiplicando residuos sin que apenas se note. 

Fotos | Felicity Tai y @ceroresiduo/Instagram

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