Según la psicología, el supermercado es el lugar ideal para saber el estado de tu salud mental: es la trampa perfecta

Algo tan sencillo como hacer la compra en realidad pone a prueba nuestro estado anímico y exige un gran esfuerzo mental

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Liliana Fuchs

Editor

Hacer la compra es algo tan cotidiano que no debería parecernos complicado. Aunque requiere cierto esfuerzo físico, la accesibilidad de los supermercados nos lo ponen cada vez más fácil. En teoría. Porque hacer la compra es en realidad una actividad que activa procesos internos que se reflejan en cómo actuamos y las decisiones que tomamos. Y ese comportamiento puede ser muy revelador de nuestro estado anímico y emocional.

“La forma en que las personas se mueven por el supermercado —desde la planificación y el ritmo hasta la toma de decisiones bajo presión— puede ofrecer una visión clara de la carga cognitiva, los niveles de ansiedad y la regulación emocional”, afirma Steven Buchwald, experto en salud mental del centro especializado Manhattan Mental Health Counseling, tras realizar una investigación sobre el comportamiento de los consumidores.

La clave está en la ingente cantidad de decisiones que debemos tomar en el momento en el que vamos al comercio para comprar, decisiones de las que no somos del todo conscientes, poniendo en marcha procesos cognitivos y emocionales. Y eso nos agota mentalmente. “La gente planifica, recuerda, compara, calcula el presupuesto y controla sus emociones, todo al mismo tiempo”, afirma en declaraciones a The Kitchn.

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Y un supermercado o hipermercado, que parecen la solución perfecta para familias o personas con poco tiempo para poder hacer la compra semanal o mensual de una vez en un mismo sitio, son la trampa perfecta para una mente agotada o abrumada. Cuanto más grande sea el comercio, y más opciones haya, más trabajo para el cerebro, que se ve obligado a trabajar de forma muy acelerada en un tiempo muy concentrado. Los constantes estímulos que recibimos en el súper no ayudan precisamente, peor aún si vamos con niños o si la tienda está llena de gente.

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“La combinación de planificación interna y elección externa ejerce una demanda sostenida sobre la función ejecutiva, el sistema cognitivo responsable de la atención, la planificación y la regulación emocional”, explica Buchwald. Y cuando ese sistema se va sobrecargando, disminuye nuestro control sobre las decisiones, nos sentimos sobrepasados y podemos llegar a actuar de una forma que en condiciones ideales no haríamos. Y a fatiga mental genera estrés emocional que puede derivar en ansiedad, irritabilidad y frustración, sentimientos que aumentan si no hemos hecho la compra que teníamos pensada al principio o si hemos comprado cosas de las que luego nos arrepentimos.

Según los expertos del MMHC, hay cinco comportamientos típicos muy reveladores:

  1. Comprar sin planificar. Acudir al supermercado con la idea de improvisar sobre la marcha puede ser un signo de que ya estamos estresados y nos abruma la mera idea de apuntar o comprobar qué hay que comprar. Podría indicar niveles altos de estrés, agotamiento mental y ansiedad en nuestra vida cotidiana que terminan de aflorar a la hora de afrontar una tarea rutinaria.
  2. Dar vueltas por los pasillos. Recorrer los pasillos varias veces, volver al mismo sitio, coger algo para volver a dejarlo, quizá volviendo otra vez después a por lo mismo, dudar constantemente entre dos o más productos... Reflejan indecisión o incluso un carácter excesivamente perfeccionista, y puede ser un signo de miedo a equivocarse o tomar malas decisiones.
  3. Abandonar productos. Llenar la cesta o el carro para, en el último momento, sacar varios productos justo antes de pagar se relaciona con una sobrecarga mental que tiene al cerebro al límite de su capacidad para gestionar la toma de decisiones. Puede reflejar una sensación de agobio excesivo o de que se ha llegado el límite de la paciencia, especialmente si se termina abandonando toda la compra.
  4. Caprichos de último momento. Las cajas siempre exhiben productos tentadores o de oferta para atraer la atención en el momento del pago, y suelen ser caprichos innecesarios. Quien no puede evitar llevarse uno o varios de estos productos refleja una compra impulsiva derivada de la fatiga de la capacidad de decisión, cuando ya no hay casi autocontrol ni capacidad para resistir impulsos irracionales o estímulos externos.
  5. Comprar en horas muy concretas. Quien procura acudir siempre a primerísima hora o en horarios de baja afluencia puede reflejar una manera inconsciente de evitar la ansiedad que le genera enfrentarse a multitudes. “Ir de compras solo durante las horas de menor afluencia puede ser una forma de gestionar la sobreestimulación, a menudo relacionada con la ansiedad social o la sensibilidad a los entornos concurridos”.
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Los terapeutas recomiendan, de hecho, adoptar este último hábito a todas las personas que se sientan sobrepasadas en el supermercado, o se sientan más agotadas aún al volver de hacer la compra, evitando, siempre que sea posible, las horas con más gente.

Cuando no sea posible por incompatibilidad horaria, sugieren intentar hacer el esfuerzo de hacer una lista previa siempre antes de salir, pues ayuda a mantener la concentración durante la compra y evita los actos impulsivos o indecisos. Y recomiendan mantenerse fieles a las marcas y productos conocidos, evitando las distracciones de novedades o productos llamativos que no se conocen, ya que solo generan más trabajo mental y aumentan la indecisión.

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