El váter de la Artemis se ha congelado, pero no será por la dieta: por qué la NASA ha llevado a la luna un montón de salsas picantes

La percepción de los sabores cambia en el espacio y los astronautas necesitan una ayuda extra para disfrutar su comida

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Liliana Fuchs

Editor

La nave Orion de Artemis II vuelve a la Tierra tras completar el vuelo sobre la cara oculta de la Luna. A pesar de los pequeños contratiempos con las cañerías del baño, que se han congelado, la misión está siendo un éxito. Y en su planificación la comida ha jugado también su papel fundamental. Quizá te llamó la atención la cantidad de salsas picantes y condimentos que los astronautas se llevaban a bordo, pero tiene su explicación más allá de gustos personales.

La NASA ya nos ha explicado lo importante que es proporcionar a sus tripulación alimentos que no solo sean nutritivos, sino también apetecibles y placenteros. Es algo que juega a favor de los astronautas de hoy, pues los pioneros del espacio tuvieron que conformarse con un diseño de comidas muy rudimentario donde la variedad y el sabor brillaban por su ausencia. Pero los humanos no somos máquinas, respondemos mejor a condiciones extremas y al trabajo duro cuando hemos llenado el estómago con placer. Y resulta que, en el espacio, la percepción de los sabores cambia.

Lo explica en una entrevista Steven Platts, científico jefe del Human Research Program, enfocado en investigar métodos para mejorar y proteger el rendimiento y la salud de los seres humanos en el espacio, analizando cómo se comporta el organismo en condiciones análogas a las que puedan enfrentarse en el futuro los astronautas. 

Salsa

En el momento en el que se abandona la gravedad terrestre, los fluidos corporales comienzan a moverse, a ascender hacia el pecho y la cabeza, produciendo una sensación de congestión similar a la que todos hemos experimentado cuando sufrimos un resfriado fuerte o una gripe. Además de ser incómodo, esta congestión provoca que se reduzca la capacidad de percibir sabores, ya que el olfato queda prácticamente inutilizado. Lo mismo sucede precisamente con un catarro o cuando estamos congestionados, y muchos lo pudimos experimentar al pasar la covid-19, cuando se podían tardar hasta semanas en recuperar el olfato y los sabores de la comida.

También lo explica muy bien el venezolano Merlín Gessen Pantin, experto en neurogastronomía: "Si no puedes oler, el 80% del sabor desaparece por completo. Es lo que los astronautas llaman 'cara de luna llena'". Esta incapacidad de percibir los sabores llevan al experto a calificar al picante como uno de los verdaderos  héroes de la misión. No solo los astronautas se han llevado un buen surtido de salsas picantes, sino que toda la comida está muy condimentada, especialmente con ingredientes que incluye capsaicina.

Astronautas Ig @merlingessen

La capsaicina, la molécula responsable de que haya alimentos que piquen, no es un sabor, porque el sabor picante no existe, sino que es un engaño del cerebro. El organismo percibe un falso peligro en forma de calor y dolor que no es tal, y reacciona a esos estímulos. Por eso el cerebro del astronauta, en el espacio, es capaz de percibir mejor la comida picante, porque los mecanismos olfativos de los senos nasales, que están congestionados, no actúan ahí. La capsaicina, el picante, estimula y 'despierta' el cerebro, haciendo que la comida sea más atractiva y sabrosa, animando a los astronautas a comer y manteniéndose así bien nutridos, sanos y fuertes.

Además de muchas salsas y condimentos picantes, la comida diseñada por la NASA incluye otros aditivos saborizantes y aromáticos que intensifican los demás sabores de los alimentos para lograr atravesar ese muro de congestión y que la tripulación en el espacio pueda disfrutar de sus menús. El aroma dulce del benzaldehído, un compuesto químico habitual en la vainilla y la almendra, también juega un papel esencial a la hora de elaborar comidas y bebidas sabrosas.

Imágenes | Merlín Gessen Pantin - NASA

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