La hierbabuena crece sin complicaciones, pero hay un detalle que suele pasarse por alto y puede arruinar el jardín

Esta aromática tan popular puede invadirlo todo si no se cultiva con cierta estrategia

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Joana Costa

Editor

Hay plantas que parecen diseñadas para reconciliar a cualquiera con la jardinería. La hierbabuena es una de ellas: crece rápido, huele bien y aguanta errores que otras no perdonan. Lo que suele venir después, sin embargo, es una sorpresa que muchos no esperan.

Porque sí, es agradecida, pero también tiene carácter. Plantarla sin pensar demasiado dónde va es como invitar a alguien muy sociable a una casa pequeña: al principio todo bien, pero en poco tiempo empieza a ocupar más espacio del previsto, y no de forma sutil.

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El problema no es tanto su cuidado como su comportamiento. En el caso de esta planta, la clave no está en el tipo de tierra o en el riego, sino en algo más básico: darle su propio espacio para crecer sin competencia.

La hierbabuena se expande a través de raíces subterráneas, conocidas como rizomas, que avanzan bajo la tierra y brotan donde menos se espera. Esto hace que, si se planta junto a otras hierbas, acabe compitiendo con ellas hasta desplazar a las más débiles.

Por eso, uno de los trucos más repetidos, y también más ignorados, es cultivarla de forma aislada. Puede ser en una maceta o en un espacio delimitado del jardín, pero evitando siempre compartir terreno con otras aromáticas más delicadas.

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No es una cuestión estética, sino práctica. Cuando convive con plantas como el perejil, la albahaca o el cilantro, la hierbabuena suele imponerse. Y lo hace sin esfuerzo, aprovechando su crecimiento rápido y su capacidad de adaptación a distintos entornos.

Otra ventaja de mantenerla controlada es que facilita su mantenimiento. Al no competir por nutrientes ni espacio, crece con más vigor y resulta más fácil de podar. Y podarla, en este caso, no es opcional: cuanto más se corta, más se regenera.

En cuanto al riego, no necesita grandes complicaciones. Prefiere suelos húmedos, pero no encharcados, y se adapta bien tanto a sol como a semisombra. Es, en esencia, una planta fácil siempre que no se le deje hacer lo que quiera.

Hay algo casi irónico en todo esto: una de las plantas más sencillas de cuidar es también una de las más difíciles de contener. Quizá por eso, cuando alguien consigue mantenerla en su sitio, no es solo cuestión de jardinería, sino de haber entendido cómo funciona de verdad.

Foto | M.Nowak/Pexels y Damian Apanasowicz/Pexels

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