Hay plantas que decoran, otras que dan sombra y algunas que terminan en el plato. La Basella alba, conocida como espinaca de Malabar o espinaca china, tiene la rara virtud de hacer las tres cosas a la vez. En un momento en que balcones, terrazas y pequeños patios se han convertido casi en una extensión de la cocina, esta trepadora tropical empieza a hacerse un hueco entre quienes buscan verde rápido y con utilidad real.
Su gran baza está en el crecimiento, como nos explican en Sembrando un país. En buenas condiciones puede extenderse varios metros en pocas semanas, cubriendo celosías, pérgolas, muros o cercos con una cortina densa de hojas verdes y brillantes. Para quien necesita intimidad en un balcón o quiere generar sombra natural sin esperar media vida, pocas plantas resultan tan agradecidas.
Visualmente funciona muy bien. Sus hojas carnosas, con forma de corazón, aportan una estética exuberante que recuerda a esas terrazas mediterráneas que parecen improvisadas, pero están perfectamente pensadas. Tiene además ese aire entre ornamental y comestible que encaja con la tendencia de los balcones productivos y los pequeños huertos urbanos.
En ensalada o cocinada
La otra sorpresa está en la cocina. Sus hojas son totalmente comestibles y pueden tomarse crudas en ensalada o cocinadas en salteados, sopas y guisos. El sabor recuerda ligeramente a la espinaca, aunque con una textura algo más suave y un punto mucilaginoso, similar al de algunas verduras asiáticas.
Desde el punto de vista nutricional también tiene interés. Aporta vitaminas A y C, además de minerales como calcio y hierro, por lo que en muchos países tropicales forma parte habitual de la dieta diaria. No es casualidad que cada vez aparezca más en propuestas de cocina vegetal y recetas centradas en ingredientes frescos de cultivo doméstico.
En cuanto a cuidados, es una planta especialmente fácil para quien no tiene demasiada experiencia. Necesita buena luz, preferiblemente sol directo o semisombra luminosa, riego regular sin encharcamientos y un sustrato rico en materia orgánica. En macetas profundas funciona muy bien, siempre que disponga de una estructura por la que trepar.
Otro punto a favor es lo sencillo que resulta multiplicarla. Basta con cortar un esqueje y plantarlo en tierra húmeda para que en pocos días empiece a echar raíces. Esto la convierte en una opción muy práctica para llenar varios rincones de casa sin necesidad de comprar nuevas plantas.
También tiene un valor interesante en espacios pequeños: aprovecha la verticalidad. En viviendas urbanas, donde cada metro cuenta, cubrir una pared o una barandilla con vegetación permite ganar sensación de frescor y un aspecto mucho más vivo sin ocupar superficie útil.
Necesidades tropicales
Eso sí, conviene tener en cuenta la temperatura. Al ser tropical, agradece el calor y ralentiza mucho su crecimiento cuando el termómetro baja de los 10 grados. En climas suaves funciona especialmente bien desde primavera hasta bien entrado el otoño, e incluso puede florecer cuando los días se acortan.
Esta planta resuelve varias necesidades domésticas a la vez: decora, protege del sol, da intimidad y, de paso, suma hojas verdes a la cocina. Una trepadora con vocación de despensa que convierte cualquier balcón en algo más que un simple exterior.
Foto | Wikimedia Commons/Aris riyanto/Krzysztof Ziarnek, Kenraiz
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