Esta organizadora profesional advierte del error más habitual al ordenar la casa: "Mantener las cosas en un espacio que no da para más"

El desorden no se soluciona con más metros cuadrados, sino con menos inventario y mejores hábitos

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Joana Costa

Editor

Volver a casa debería ser sinónimo de descanso, pero para muchas personas se ha convertido en el recordatorio diario de una batalla perdida contra el desorden. La sensación de que la casa te come no siempre tiene que ver con la falta de tiempo, sino con una relación poco realista con el espacio disponible.

El orden doméstico, además, no es solo una cuestión estética. Ciertamente, mantener la casa recogida genera una sensación de control y bienestar emocional, algo especialmente relevante en rutinas marcadas por el estrés y la falta de pausas reales.

Aunque seguro que la mayoría de hogares tiende a ordenar todos o casi todos los días, en parte como una forma de recuperar control y equilibrio emocional, ya que estas rutinas favorecen la liberación de hormonas asociadas al bienestar.

Sin embargo, como señala la periodista Eli Romero en Tiene Sentido Pódcast, "todos tenemos un quiebre personal con el orden". Ese momento en el que se intenta poner todo en su sitio y, aun así, la casa sigue pareciendo desbordada. Para entender por qué ocurre, Romero conversa con Sara Domínguez, organizadora profesional y creadora del método Del caos a la calma.

Demasiadas cosas en casa

Domínguez apunta a un problema muy concreto: el exceso de inventario. "Normalmente nos ocurre porque tenemos demasiadas cosas y estamos intentando mantenerlas en un espacio que no da para más", explica en el pódcast. El resultado es un ciclo constante de meter y sacar objetos, sin que el orden llegue a consolidarse.

Frente a la idea extendida de que “con más espacio todo se arreglaría”, la experta propone aplicar lo que llama la ley del contenedor. "El contenedor es el que manda. Si no cabe, no se expande mágicamente", afirma. Ni las estanterías crecen solas ni la casa se hace más grande por voluntad propia.

Adaptarse a la realidad

El planteamiento es sencillo, pero incómodo: no se trata de adaptar la casa a las cosas, sino de adaptar las cosas a la realidad del espacio. "Podemos gestionar lo que podemos gestionar", insiste Domínguez, defendiendo que el orden empieza cuando se acepta el límite físico del hogar.

Para desbloquear situaciones de desorden, la organizadora propone estrategias realistas. Cuando el caos es leve, recomienda dedicar solo diez minutos a recolocar objetos sin buscar la perfección, como una forma de recuperar el control. Si el problema es más profundo, aconseja tratarlo como un proyecto y no como una tarea puntual, reservando tiempo específico para ello.

Domínguez también recuerda que la relación con el orden tiene un componente aprendido. Según explica, solo una parte es genética y el resto está ligada al entorno y a los hábitos adquiridos, poniendo como ejemplo culturas donde el orden forma parte de la educación cotidiana. La clave, concluye, no está en la fuerza de voluntad, sino en depurar, organizar y sostener hábitos compatibles con la vida real.

Foto | Tiene Sentido Pódcast/YouTube

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