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Comer, beber, amar

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Me gusta el cine, y que conste que no especialmente las películas cuyo argumento se desarrolle alrededor de un tema gastronómico, tampoco me preocupa si una película tiene ya unos años o si es novedoso estreno, la verdad es que no estoy para nada al día sobre esos temas. Por eso, de tanto en tanto cuando entro al vídeo club que hay en mi calle, y echo un vistazo al estante donde la dueña expone para venta las películas que ya no consigue alquilar nunca, si veo algo que me llama la atención no tengo problema en comprarlo o pedirle que me la alquile, así es como vi este fin de semana la película “Comer, beber, amar“ del director Ang Lee.

No pretendo hacer una crítica de cine, ni hablar sobre el cambio de la sociedad taiwanesa que está dejando a un lado sus ancestrales tradiciones y se está adaptando a la modernidad o la necesidad de compatibilizar precisamente estas dos cosas, ni sobre los contentos y descontentos que esto provoca a quien se supone que tiene que ser tradicional o quien se supone que tiene que ser moderno. Pero si me gustaría hablar sobre el medio que el director utiliza para conducir el argumento, la gastronomía tradicional china y la manera que la familia protagonista tiene de comunicarse.

Desde el primer minuto, podemos ver a uno de los protagonista, un casi anciano y reconocido maestro cocinero, desenvolverse por la cocina de su casa un domingo por la mañana, para preparar la tradicional cena de domingo, a la que sus modernas hijas están “obligadas“ a asistir y durante las cuales la familia tiene, casi la única oportunidad de comunicarse y de ponerse más o menos al día sobre sus vidas, a pesar que todos viven juntos.

Durante toda la película podemos ver preparar, cocinar, presentar, servir y degustar un montón de platos de carnes, aves, pescados y verduras de diferentes maneras, no nos van a enseñar ninguna receta pero si, va a mostrarnos como se trabaja en otras cocinas tradicionales y que no son las nuestras.

Y poniéndome un poco más profunda, me ha hecho reflexionar un poco sobre, la importancia que tiene la cocina, la bebida y la mesa en nuestras relaciones, tanto sociales como afectivas, siendo un medio más para demostrar alegría, amistad, complicidad o compañerismo pero también amor, cariño, afecto o respeto. Y para hacerme una idea, en mi caso solo he tenido que cambiar la cena tradicional de esta familia China un domingo, por una paella cualquier domingo a mediodía, en casa de mi madre o de mi suegra.

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