Estos panecillos caseros son la base perfecta para cualquier bocadillo: tiernos, esponjosos y con una miga ligera que se mantiene suave durante horas. Elaborados con ingredientes sencillos y sin complicaciones, son de esas recetas que merece la pena repetir una y otra vez en casa.
El secreto de unos buenos bocadillos no está solo en el relleno, sino en el pan que lo sostiene. Un panecillo demasiado seco o denso puede arruinar incluso la mejor combinación, mientras que uno ligero y bien fermentado lo mejora. Por eso, en esta receta conseguimos una masa equilibrada, suave y aireada.
El proceso es sencillo, pero requiere respetar los tiempos de levado para que la masa desarrolle su textura característica. A medida que fermenta, va ganando elasticidad y volumen, lo que se traduce en una miga más tierna y agradable al morder. El horneado termina de perfeccionarlos: una corteza fina y suave que mantiene el interior esponjoso durante más tiempo.
Primero mezclamos la leche tibia con la levadura y una cucharada de azúcar, y lo dejamos reposar 5 minutos.
Mezclamos la harina con la leche, el resto del azúcar, el huevo y la sal. Removemos hasta obtener una masa homogénea. Espolvoreamos la encimera con harina, y amasamos 5 minutos hasta obtener una mezcla suave y elástica.
Pintamos un bol con aceite de oliva, colocamos dentro la masa, filmamos, y dejamos reposar 2 horas en un lugar cálido.
Engrasamos una fuente apta para horno, y dividimos la masa en bolitas de 55 g cada una. Colocamos las bolitas de masa en la fuente, cubrimos de nuevo con film, y dejamos reposar 1 hora.
Horneamos durante 30 minutos a 175ºC. Derretimos la miel con la mantequilla, pintamos los panecillos y servimos.
Con qué acompañar los panecillos
Puedes preparar este sencillo fiambre de pollo casero para rellenar los panecillos, una tinga de pollo, o un pulled pork casero.
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