Comer y cenar tarde no es sano, pero el jet lag alimentario del fin de semana podría ser más dañino. Con un detalle: solo afecta a los hombres

Un nuevo estudio revela la relación entre los desfases horarios de las comidas del fin de semana con un mayor riesgo cardiovascular en los hombres

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Liliana Fuchs

Editor

La crononutrición señala que el horario de las comidas también influye en cómo afecta lo que comemos en nuestra salud. Ya sabemos que cenar tarde puede tener efectos perjudiciales, pero hasta ahora no habíamos tenido en cuenta una costumbre cada vez más común en todo el mundo: el desfase horario durante el fin de semana. Es lo que se conoce como jet lag alimentario, y podría ser peligroso para la salud cardiovascular. Al menos, en los hombres.

Es lo que señala un nuevo estudio publicado en la revista Communications Medicine, coordinado por el el Equipo de Investigación en Epidemiología Nutricional de la Universidad de la Sorbona París. Según sus autores, el típico desfase horario que se produce entre las comidas y cenas de lunes a viernes, y las del fin de semana, podría alterar el ritmo biológico aumentando el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares graves.

Se denomina jet lag alimentario a las diferencias que se producen entre los horarios de las comidas y cenas durante la semana, adaptados a la jornada laboral o escolar, y los días libres o de descanso, que suelen coincidir con el fin de semana. Un desajuste de horarios que, mantenido en el tiempo, puede afectar al reloj interno del organismo.

Para explorar cómo afecta ese desfase en la salud, los investigadores analizaron  los datos de 104.806 participantes adultos del estudio de cohorte NutriNet-Santé, entre 2009 y 2023. Se calculó el nivel de gravedad del jet alimentario en función de la hora a la que los participantes tomaban la primera y la última comida del día, entre semana y durante el fin de semana. Además, se tuvieron en cuenta factores como la edad, el estado civil y el número de hijos que vivían en el mismo hogar, factores socioprofesionales, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, dieta o sueño.

Al comparar los horarios de las comidas entre días laborables y los fines de semana, los autores establecieron tres categorías:

  • Adelantado (advance):  las horas de las comidas son más tempranas el fin de semana que entre semana, con una anticipación media de 2 horas en la franja horaria de las comidas.
  • Habitual (regular):  las franjas horarias de las comidas son similares.
  • Retrasado (delay): las horas de las comidas son más tardías el fin de semana que entre semana, con un retraso medio de 1 hora y 40 minutos en la franja horaria de las comidas.

A mayor desfase horario, mayor riesgo cardiovascular para los hombres

Los resultados del estudio sugieren que cada hora adicional de desfase horario en las comidas —ya sea antes o después— se asocia, en los hombres, con un aumento  aproximado del 14 % en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, y un  21 % en el riesgo de padecer cardiopatías coronarias. Esas cifras son similares tanto en la categoría de horario adelantado como retrasado, por lo que el riesgo no estaría tanto en los horarios en sí, sino en los desfases.

Curiosamente, los investigadores no encontraron ninguna diferencia significativa entre las mujeres, para lo que se apuntan varias hipótesis. La explicación podría deberse al dimorfismo sexual, es decir, las diferencias que existen en el funcionamiento fisiológico entre los dos sexos biológicos, pero también podría influir el estilo de vida y las distintas condiciones socioprofesionales que darían lugar a ritmos circadianos diferentes. Además, el riesgo cardiovascular absoluto es mayor en hombres que en mujeres.

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Como estudio observacional, los autores reconocen varias limitaciones en su trabajo, pero afirman que sus resultados aportan indicios sólidos para vincular los cambios en los horarios de las comidas entre los días laborables y los fines de semana con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Un riesgo que sería, además, independientemente de la calidad del sueño y de la dieta, especialmente en los hombres.

Por ello, son necesarios más estudios que puedan establecer la causalidad de estas relaciones. “Si nuestros resultados se confirman en otros estudios, la regularidad y el horario de las comidas podrían ser un aspecto clave para las intervenciones destinadas a reducir el riesgo de enfermedades crónicas y mitigar la carga que estas representan para la salud pública”, concluyen.

Referencia

Le Folcalvez, X., Obeid, E., Palomar-Cros, A. et al. Eating jetlag based on meal timing discrepancies and risk of cardiovascular disease using the prospective cohort NutriNet-Santé. Commun Med 6, 453 (2026). https://doi.org/10.1038/s43856-026-01758-5

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