Lugo no ha sido nunca un destino turístico mayoritario, al menos si se compara con otras zonas de Galicia como las Rías Baixas o Santiago de Compostela. Aún así, la provincia está atravesada por algunas de las vías de comunicación que relacionan el territorio gallego con otras zonas limítrofes, lo que desde siempre ha hecho que cuente con algunas paradas estratégicas.
Baamonde es un pueblo pequeño, un núcleo de apenas 300 habitantes dentro del ayuntamiento de Begonte, más o menos a mitad de camino entre la capital provincial y A Coruña. Y es esa ubicación la que lo convierte en un nudo de carreteras especialmente importante.
Un detalle del comedor del Galicia
La carretera que une esas dos capitales de provincia no es una carretera más, es la N-VI, la principal vía que históricamente unió Galicia con Madrid y que hace unas décadas se vio complementada con la Autovía A-6, que pasa a las afueras del pueblo. Pero es que aquí es donde la Autovía del Cantábrico, la A-8, se une a la A-6, con lo que buena parte de quienes llegan en coche al norte de Galicia, ya sea desde Madrid, Valladolid o León o procedentes de Gijón, Santander Bilbao, pasan por este punto. Y a muy pocos kilómetros nace la carretera que lleva a Santiago, la capital de Galicia, y hacia las Rías Baixas, para sumar tráfico y gente de paso.
Es en ese punto, en una casa de piedra a pie de carretera, donde en 1916 Juan Castro y Rita Vázquez abrieron una de aquellas tiendas de vinos y comestibles que también daban algo de comer. Sus hijas heredaron el lugar, conocido como A Taberna de Ribado, y a mediados de los años 60 se la pasaron al hijo de una de ellas, Xoán Corral.
Un plato de caldo gallego es el comienzo perfecto si visitas el Galicia en invierno
Corral fue el responsable de lanzar aquel negocio, que en algún momento pasó a conocerse como Restaurante Galicia, y a la popularidad. Junto a su mujer, Maruja Ares, se hizo con la casa contigua, en la que instalaron un comedor, y comenzaron a centrarse en el servicio de comidas. Xoan era un personaje popular, con alma de tabernero y artista, y se mantuvo al frente del negocio hasta su fallecimiento en 2012. Desde entonces son su mujer, hoy ya retirada, y sus hijos, Jamy, Montse, Inés y Jes, los que están al frente del restaurante y le han dado el empujón definitivo para convertirlo en la referencia que es hoy.
Entrar en el Galicia es como hacerlo en una máquina del tiempo: las paredes de piedra, el mobiliario y la decoración que la familia ha ido juntando durante épocas parecen de otra época. Pocos lugares conservan esa atmósfera antigua como este, que es capaz, además, de hacerla convivir con un ambiente vivo, siempre animado, tanto en la zona de taberna como en el amplio comedor.
Un plato del cordero en salsa de la casa
El comedor es el de un restaurante, no hay duda, pero algunos de sus rincones tienen la capacidad de hacerte sentir en una casa particular, con ese ambiente hogareño tan difícil de disfrutar cuando uno está de viaje.
Ya en la mesa, la carta deja claro que las cosas van también en esa línea casera y tradicional. No faltan clásicos como el caldo gallego, la sopa de cocido o la bola de liscos, que es como se conoce en esta zona a la empanada elaborada con tajadas de tocino.
El fuerte del Galicia, sin embargo, está en esos platos de cocina de casa que te hacen volver, guisos de siempre, inalterados, con el sabor inconfundible de la cocina doméstica. La ternera guisada hace pensar, de inmediato, en la casa de tu abuela -si has tenido una abuela gallega-, el pollo en salsa, como el cordero, van en esa misma línea de cocina sin prisas y sin atajos.
La ternera asada es otro de los clásicos de la cocina gallega tradicional que no faltan en el Galicia
Albóndigas, filete de ternera gallega con unas estupendas patatas recién fritas, huevos fritos con patatas; mejillones o almejas en salsa, quizás una merluza a la gallega o a la romana. No les hacen falta complicaciones para convencer a una clientela en la que abundan los habituales que vuelven con frecuencia a reencontrarse con su carta.
El secreto está en una buena materia prima y en una cocina honesta, sencilla y reconocible que los clientes gallegos reconocen como casera, parecida a la de sus madres, y que los foráneos reciben con satisfacción precisamente por eso, porque no parece, en realidad, cocina de restaurante y los lleva a eso tan difícil, cuando estás lejos de tu hogar, que es probar la cocina casera de la zona por la que te mueves.
Para quien quiere algo más, sin embargo, hay opciones: un buen chuletón, por ejemplo, o platos de temporada. En verano suelen ofrecer parrochitas (sardinillas), mientras que en invierno no suelen faltar los callos y, sobre todo, el cocido gallego, servido con los grelos de esta zona, que están entre los mejores de Galicia.
El pollo en salsa del Galicia es uno de los motivos para volver a este restaurante
Y en los postres, de nuevo, sencillez: el clásico queso del país con membrillo, una agradable quesada casera o un estupendo flan de café están entre las opciones que nunca faltan en carta.
En este punto, es más que probable que Jamy se acerque a la mesa y proponga café de puchero, o de pota, como se conoce en Galicia. Más en concreto, el café que presenta como “de pota madre” y que llega a la mesa en un puchero de hierro fundido y acompañado de una escultura de madera de castaño, una obra de su tío Víctor Corral, que se abre para mostrar el “agua bendita”, el aguardiente que lleva en su interior y que alegra el café.
La iglesia y el castaño-capilla que es otra de las obras de la familia Corral
Después, ya sólo queda salir y estirar las piernas. Y un buen plan es hacerlo subiendo hasta la iglesia románica del pueblo, que está a pocos metros del restaurante, junto a la que está un particular árbol centenario: un castaño de esos a los que el tiempo ha vaciado el tronco y que Víctor, el tío escultor, convirtió en una capilla única, tan peculiar y tan difícil de ver en otro lugar como la cocina y la atmósfera del local que hoy regentan sus sobrinos y que es la parada perfecta cuando te mueves por la A-6 o, por qué no, el pretexto que necesitas para acercarte a conocer esta parte de la provincia de Lugo.
Restaurante Galicia
- Dónde: Rúa Teniente General Teijeiro, 16. Baamonde, Begonte (Lugo)
- Precio medio: 25-30 € + bebida
- Horarios: cierra martes.
- Reservas: 982 39 80 85