Si hay algo que define a Europa, es la extraordinaria forma en la que muchas de sus ciudades han sabido conservar su alma a través de los siglos. Caminar por los cascos antiguos del continente es, en muchos casos, como abrir una ventana al pasado.
A pesar de que guerras, incendios y modernizaciones han dejado huellas y causado la pérdida irreparable de infinidad de monumentos, iglesias, murallas, palacios y conventos, aún existen núcleos urbanos que parecen resistirse al paso del tiempo. Sus piedras cuentan historias, sus plazas respiran siglos y sus calles estrechas nos recuerdan que hubo una Europa anterior al hormigón, al asfalto y al acero.
Una reciente clasificación elaborada por una revista alemana especializada en viajes ha querido reconocer precisamente eso: la belleza atemporal de los centros históricos mejor conservados del mundo. Y aunque se analizaron ciudades de todos los continentes, Europa brilló especialmente con fuerza, valorando, entre otras cosas, la accesibilidad peatonal de sus calles, la distancia a recorrer, la posibilidad de encontrar tours a buen precio o, incluso, la repercusión en redes sociales de la localidad.
Entre los 25 cascos antiguos más hermosos del planeta, una abrumadora mayoría está en suelo europeo. Pero hay tres que destacan por encima del resto. Tres joyas que parecen esculpidas en el tiempo: Cracovia, Nápoles y Ratisbona.
Cracovia, la antigua capital polaca, se alza como la ciudad cuyo centro histórico encabeza esta lista. Y no es difícil entender por qué. Basta cruzar las puertas de su casco antiguo para dejarse envolver por una atmósfera medieval que permanece casi intacta.
Basílica del Corpus Christi de Cracovia. ©Jan Graczyński - Kraków Experience.
Sus calles empedradas conducen hacia la monumental Plaza del Mercado, una de las más grandes de Europa, donde los carruajes de caballos conviven con artistas callejeros y turistas asombrados. Iglesias góticas, torres renacentistas y casas burguesas decoradas con esmero se alinean como si el tiempo no hubiera pasado.
A pocos pasos, la colina de Wawel y su castillo vigilan la ciudad con una solemnidad que corta el aliento. Cracovia no solo es historia, es una emoción continua que se despliega a cada paso, en cada esquina y en cada piedra desgastada.
Lonja de los Paños (Sukiennice) en la Plaza del Mercado Principal (Rynek Główny) de Cracovia. ©Bogusław Świerzowski - Kraków Experience.
Muy diferente, pero igual de vibrante, es el casco antiguo de Nápoles, que ocupa el segundo lugar en este ranking. Aquí el pasado no se contempla en silencio: se escucha, se huele y se palpa.
En Nápoles, la historia convive con el bullicio del presente. Las fachadas desconchadas, los balcones floridos, las motos que zumban por callejones imposibles… Todo forma parte de un escenario que no parece decorado, sino vivido.
El trazado de su centro histórico es un laberinto de callejuelas que aún conserva el espíritu de la antigua Neápolis griega y de la poderosa ciudad romana que fue después. Es uno de los cascos urbanos más antiguos de Europa con más de dos milenios de existencia.
La calle Spaccanapoli, que literalmente “parte Nápoles en dos”, es la columna vertebral de ese universo caótico y fascinante. Iglesias barrocas, catacumbas, talleres de artesanos, pizzerías con siglos de historia… En Nápoles, cada piedra tiene una leyenda y cada sombra, una voz.
Casco histórico de Regensburg. ©Bilddokumentation Stadt Regensburg.
Ratisbona, o Regensburg en alemán, completa este podio de tesoros urbanos. Situada a orillas del Danubio, en la región de Baviera, esta ciudad ofrece un viaje sereno por la Edad Media.
Su casco antiguo parece salido de un libro de cuentos: calles estrechas perfectamente conservadas, puentes de piedra que cruzan ríos tranquilos, fachadas de colores suaves y torres que se recortan sobre un cielo limpio.
Casco histórico de Ratisbona visto desde el cielo. ©Bilddokumentation Stadt Regensburg.
A diferencia de otras ciudades alemanas, Ratisbona quedó prácticamente intacta por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, lo que permite contemplar un núcleo urbano que se ha mantenido fiel a su esencia desde hace siglos.
El trazado de sus calles, el encanto de sus plazas y la armonía arquitectónica entre edificios civiles, religiosos y comerciales crean una sensación de equilibrio poco frecuente. Ratisbona no abruma, cautiva con discreción.
Son solo tres ejemplos, los más destacados según esta publicación, pero la lista se extiende hasta 25 localidades más donde, incluso, entran referencias españolas como Córdoba.
Imágenes | Jan Graczyński / Kraków Experience - Italia.it - Bilddokumentation Stadt Regensburg