Madrid presume de zonas verdes tan reconocidas como el parque del Retiro, el parque Juan Carlos I, la Casa de Campo o la magnificencia de El Monte del Pardo. Sin embargo, existen otros espacios ajardinados que a menudo quedan fuera de los recorridos más habituales, sobre todo por su ubicación más periférica y por resultar menos conocidos para buena parte del público.
Eso es precisamente lo que ocurre con El Capricho, un rincón singular de la Alameda de Osuna que, pese a su enorme valor histórico y paisajístico, muchas veces se descubre casi como un secreto bien guardado. Ahora, además, vuelve a situarse en primer plano gracias a la recuperación de dos de sus construcciones más emblemáticas.
El Ayuntamiento de Madrid ha culminado la restauración del fortín y del casino de baile, dos piezas muy características dentro de este jardín histórico. La intervención no se ha planteado como un simple lavado de cara. Ha buscado devolver presencia y dignidad a dos elementos que forman parte de la identidad del parque y que ayudan a explicar su carácter romántico, artístico y escenográfico.
Buena parte del encanto del lugar reside en su origen. El jardín fue concebido a finales del siglo XVIII por iniciativa de la duquesa de Osuna, María Josefa Alonso Pimentel. Nació como un espacio refinado, pensado para el paseo, la contemplación y el disfrute estético.
La nueva vida de El Capricho
Con el tiempo, esa idea cristalizó en uno de los mejores ejemplos de jardín paisajista europeo conservados en España. Su trazado, además, ha llegado hasta hoy sin perder en exceso su esencia, algo que multiplica su valor y hace que recorrerlo siga siendo una experiencia distinta a la de otros parques urbanos.
Fortín del Jardín Histórico de El Capricho. ©Ayuntamiento de Madrid.
En ese escenario tan particular, el fortín ocupa un lugar muy especial. No se trata de una gran construcción militar, sino de una pequeña fortaleza ornamental que encaja con la visión romántica del conjunto. La restauración ha puesto el foco en conservar su aspecto original, con una limpieza cuidadosa de los muros de ladrillo y mampostería, trabajos de saneamiento estructural y el uso de técnicas y materiales respetuosos con la configuración histórica del edificio.
Uno de los aspectos más llamativos de la obra ha sido la reconstrucción de la garita desaparecida, realizada a partir de documentación antigua y modelos históricos. También se ha recuperado el pavimento interior y se han incorporado nuevas pasarelas de madera, integradas con discreción en el paisaje del parque.
El casino de baile, por su parte, representa otra faceta del espíritu de El Capricho. Más delicado y elegante, este edificio resume el gusto por la sociabilidad y el placer estético que marcó la creación del jardín. Su rehabilitación se ha centrado en estabilizar la estructura y rescatar rasgos originales que el deterioro había ido desdibujando.
Interior del edificio del Casino de Baile. ©Ayuntamiento de Madrid.
Se ha actuado en la fachada más dañada, se ha impermeabilizado la terraza y se han renovado distintos paramentos con soluciones compatibles con los materiales antiguos. Dentro del inmueble también se ha trabajado en la bóveda del salón principal, en los pavimentos, en escalones y en carpinterías de madera, siempre con la intención de mantener la coherencia histórica del conjunto.
Todo ello contribuye a que El Capricho gane peso como destino cultural y turístico dentro de Madrid. No hace falta convertirlo en un espacio masivo para reconocer su valor.
Precisamente su encanto nace de otra cosa: de la sensación de descubrimiento, de la calma, del diálogo entre arquitectura y vegetación, y de esa distancia simbólica respecto al ritmo frenético del centro. La recuperación del fortín y del casino de baile devuelve protagonismo a dos hitos del jardín y refuerza la imagen de este parque como una joya verde que merece ser visitada y revisitada.
Imágenes | Diario Madrid