Si algo hay evidente en la escena madrileña gastronómica actual, es que no para de generar capital, movimiento y grandes compras y grandes aperturas, aunque también sonados cierres. Ahora, sin embargo, hay un nuevo movimiento dentro de la capital con el cambio de propiedad del Mercado de San Miguel, ubicado en pleno centro de la ciudad y convertido desde hace años en un referente de los nuevos mercados gastronómicos, mucho más enfocados en funcionar como una alternativa hostelera que como una clásica plaza de abastos.
Ese emblema del turismo y la restauración madrileña ha protagonizado una operación de gran calado que vuelve a demostrar hasta qué punto ciertos activos gastronómicos se han transformado en piezas muy valiosas dentro del tablero inmobiliario y empresarial.
Aunque sobre el papel el dueño formal continúa siendo Redevco, la realidad que explica la información publicada por Cinco Días es otra. Detrás del nuevo capital que ha tomado posición en el activo aparece la familia neerlandesa Brenninkmeijer, conocida por ser propietaria de la cadena textil C&A.
Lo que se ha producido no es tanto una compraventa convencional del mercado como una sustitución en el origen del dinero que sostenía la sociedad propietaria. Redevco sigue al frente de la gestión, pero quien pasa a ocupar el espacio que antes tenía el fondo estadounidense Ares es ahora el capital propio de la saga holandesa.
De 70 millones a 200 en menos de diez años
La historia reciente de la propiedad ayuda a entender la magnitud del salto. En 2017, Redevco adquirió el Mercado de San Miguel por 70 millones de euros. En aquella operación, sin embargo, Ares aportó el 75% del capital. Más adelante, ya en 2025, se activó un proceso para vender el activo aprovechando su intensa revalorización.
Finalmente no se cerró una desinversión al uso, sino una reorganización del capital dentro de la sociedad que lo controla. El resultado es llamativo: el mercado ha sido valorado ahora en 200 millones de euros, una cifra que refleja de manera muy clara cómo se ha disparado su atractivo económico en menos de una década.
Ese 75% que antes correspondía a Ares queda ahora en manos del patrimonio familiar de los Brenninkmeijer, canalizado a través de Anthos, su vehículo inversor. Redevco, por su parte, permanece como gestora del activo mediante la filial Aleda Investment.
Todo encaja dentro de una arquitectura empresarial más amplia que remite al grupo suizo Cofra, el gran holding de esta familia, donde conviven actividades inmobiliarias, inversiones y el histórico negocio textil. La familia, de hecho, figura entre las grandes fortunas europeas. Según recoge la noticia, Bloomberg estimó el pasado año su riqueza conjunta en torno a 39.000 millones de dólares.
Una pieza clave en el nuevo Madrid gastronómico
Más allá del apellido comprador, lo relevante es por qué el Mercado de San Miguel se ha convertido en una joya tan codiciada. Desde 2017, en la etapa compartida entre Redevco y Ares, el espacio fue reposicionado con éxito como destino casi obligatorio para quienes visitan el centro de Madrid.
Ya no opera como mercado tradicional de abastecimiento, sino como escaparate gastronómico premium, con puestos especializados y una propuesta pensada para el consumo inmediato, la experiencia y el visitante internacional. Esa transformación, según las fuentes citadas, lo ha convertido en una auténtica máquina de generar ingresos.
Las cuentas respaldan esa idea. La sociedad propietaria ingresó en 2024 un total de 10,25 millones de euros en rentas por el arrendamiento de la treintena de puestos del mercado, aclaran desde Cinco Días. Supone un 14% más que el año anterior y más del doble de lo que obtenía en 2018, cuando el activo empezó a operar en su nueva etapa.
A eso se suma un beneficio de 853.000 euros en 2024. Son cifras que explican la contundencia de la valoración alcanzada en la operación. No se trata solo de un edificio icónico. También de un negocio con una rentabilidad muy visible y una demanda sostenida.
El inmueble, además, arrastra un valor patrimonial que multiplica su simbolismo. Con casi 1.800 metros cuadrados, fue inaugurado en 1916 y está protegido como Bien de Interés Cultural.
Su estructura de hierro, diseñada por Alfonso Dubé y Díez, remite a la tradición de los antiguos mercados madrileños. En 2009, tras la entrada de varios inversores privados en los puestos de venta, el recinto fue rehabilitado y cambió su orientación comercial para convertirse en espacio gastronómico. Ese giro marcó su futuro. Y también su rentabilidad.
Hoy reúne una treintena de puestos de comida y delicatessen, con nombres conocidos como El Señor Martín, Morris, La Casa del Bacalao, Arzábal o Ahumados Domínguez. En otras palabras, San Miguel ya no es solo un mercado histórico. Es una marca, un imán turístico y un activo millonario que acaba de cambiar de manos sin moverse de sitio.
Imágenes | Spain.info / Redevco