Hay destinos que enamoran precisamente porque no están en boca de todo el mundo. La España interior guarda rincones que combinan paisaje, historia y naturaleza de una forma que muchos litorales envidiarían. Teruel es uno de esos lugares que, durante décadas, pareció existir al margen del mapa turístico. De hecho, la provincia protagonizó durante años una reivindicación política que se convirtió en lema: Teruel existe. Y no solo existe, sino que esconde maravillas que la mayoría de viajeros aún no ha descubierto.
El Maestrazgo es una comarca que tiene mucho de territorio olvidado y de tesoro sin cartografiar del todo. Sus pueblos de piedra, sus iglesias románicas y sus barrancos lo convierten en un escenario perfecto para el senderismo y el turismo de naturaleza. Y dentro del Maestrazgo, hay un pueblo y un río que merecen atención especial: Pitarque.
Pitarque es una de esas pequeñas localidades turolenses que sorprenden nada más llegar. El pueblo en sí ya es un motivo de visita, con su arquitectura tradicional y su calma casi absoluta. Pero lo que ha convertido a Pitarque en una referencia para los amantes del senderismo y el turismo activo es el río que lleva su mismo nombre. El río Pitarque discurre por un entorno natural extraordinario y su recorrido ha dado lugar a una ruta catalogada como Sendero Turístico de Aragón: la SL-TE 30, conocida como el Nacimiento del Río Pitarque.
Descubriendo el Pitarque: el río que brota del suelo
No estamos ante una ruta que exija un estado de forma excepcional ni semanas de preparación. Son algo menos de nueve kilómetros de ida y vuelta que se resuelven en torno a tres horas de marcha tranquila, con un desnivel que no llega a los 350 metros. Suficiente para sentir que uno ha caminado de verdad, pero sin que el esfuerzo eclipse el paisaje. El itinerario comienza en el propio municipio de Pitarque y, desde el primer momento, el entorno acompaña con generosidad.
Al salir del pueblo, el sendero bordea huertas y campos en su mayoría abandonados, una imagen habitual en la España vaciada que aquí adquiere una belleza melancólica difícil de ignorar. A mitad de camino aparece la ermita de la Virgen de la Peña, que funciona como punto de referencia y de descanso.
A partir de ahí, la senda se mete entre los altos muros de roca moldeados durante siglos por el río. El paisaje vegetal cambia visiblemente: chopos, sauces, avellanos y mostajos forman una especie de corredor verde que en primavera y verano alcanza una intensidad cromática notable.
Pasada una antigua central hidroeléctrica, el valle se estrecha y la vegetación se vuelve más densa. Un puente de hormigón permite cruzar a la otra orilla y continuar hacia el punto más espectacular del recorrido. El río Pitarque no nace como cualquier otro río. Su origen es el afloramiento en superficie de las aguas que circulan por un acuífero subterráneo, capaz de generar caudales de hasta 1.500 litros por segundo.
La primera surgencia que se encuentra recibe el nombre de "la chimenea", y cuando el régimen de precipitaciones lo permite, el agua cae formando una cascada impresionante. Más adelante aparecen el Ojal de los Planos y el Ojal de Malburgo, considerado este último como la surgencia principal. El verdadero nacimiento del río, sin embargo, se localiza en la cueva de Boca Negra, ya en el término municipal de Fortanete.
A lo largo del recorrido, la ruta dispone de miradores que permiten contemplar el cañón desde distintas perspectivas y detener el paso para asimilar la magnitud del paisaje.
Las cascadas y las surgencias añaden un componente sonoro y visual que hace el trayecto todavía más envolvente. La mejor época para recorrerlo es primavera o verano, cuando la vegetación está en su momento de mayor esplendor y el caudal del río garantiza el espectáculo natural en toda su dimensión.
Imágenes | Turismo del Maestrazgo
En DAP | Este pinar parece de los Pirineos, pero está en Almería: un bosque único ideal para hacer senderismo