Sobre la autopista 101, en Agoura Hills, al noroeste de Los Ángeles, se está levantando un paso elevado pensado para que la naturaleza vuelva a coser dos cordilleras separadas por el tráfico.
No es un puente para coches ni para peatones: es una gran alfombra de tierra y vegetación diseñada para que crucen animales salvajes y, de paso, para reducir los atropellos que se repiten cada año en esa zona: ciervos, pumas, reptiles como serpientes y otros muchos pequeños vertebrados que hoy se juegan la vida cuando intentan cambiar de ladera.
La obra se conoce como Wallis Annenberg Wildlife Crossing. Ese nombre no es casual. Rinde homenaje a Wallis Annenberg, filántropa ligada a una fundación que ha sido clave para impulsar el proyecto y atraer financiación privada.
A esa aportación se suma el trabajo de recaudación y coordinación de la campaña Save LA Cougars, liderada por Beth Pratt desde la National Wildlife Federation, además del apoyo de agencias públicas implicadas en la infraestructura.
El coste que se maneja para el conjunto del proyecto es elevado, propio de una intervención compleja en plena autopista con una inversión de unos 92,6 millones de dólares.
El paso, visto desde la Autopista 101. ©Wallis Annenberg Wildlife Crossing.
No se trata solo de tender un arco sobre el asfalto. También hay que preparar las conexiones ecológicas a ambos lados para que los animales no lleguen a un cuello de botella y vuelvan a quedar atrapados por carreteras secundarias, vallas o taludes.
Parte del trabajo más delicado casi no se ve desde abajo. Tras montar la estructura principal con secciones prefabricadas para reducir cierres de la 101, el proyecto entra en una fase que exige cimentaciones profundas, canalizaciones y un túnel que cubrirá Agoura Road.
Ese tramo, de unos 54 metros, servirá para sostener una pequeña “montaña” de tierra que conecte el paso con las colinas del entorno. En esa fase, el hormigón se vierte in situ y habrá momentos en los que la vía secundaria tenga que cerrarse por seguridad, según explican los responsables de obra.
Mientras avanzan los pilotes y las paredes, el puente ya empieza a parecerse a un hábitat. Una pieza esencial es la vegetación. Por eso se creó un vivero específico, instalado en Calabasas, que durante años ha recolectado semillas en las lomas cercanas para producir plantas hiperlocales, adaptadas al clima y al suelo de la zona. Han cultivado miles de ejemplares y han preparado una capa de tierra “viva”, reforzada con microbios y hongos micorrícicos para que el lugar funcione como un ecosistema real, no como un simple jardín sobre la autopista.
Render de cómo debería quedar una vez finalizado. ©Wallis Annenberg Wildlife Crossing.
¿Cuándo estará en funcionamiento? Según la previsión recogida, todavía falta alrededor de un año para que el cruce quede unido de forma efectiva a las montañas de Santa Susana al norte y a las de Santa Mónica al sur y pueda abrirse a la fauna que deambule por el corredor.
La idea final es sencilla de explicar, aunque difícil de ejecutar: ofrecer una ruta segura para que los animales no tengan que lanzarse al asfalto, reducir colisiones y permitir que las poblaciones, especialmente las de grandes mamíferos como los pumas, mantengan intercambio genético y territorio sin quedar aisladas por el tráfico.
Imágenes | Wallis Annenberg Wildlife Crossing
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