En plena Vía de la Plata romana, este infravalorado pueblo de Cáceres tiene una de las plazas mayores más bonitas de España

Es una joya del patrimonio rural que además esconde vestigios de miles de años de historia

Plaza
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Liliana Fuchs

Editor

Cáceres por sí sola se merece una y muchas visitas, pero conviene tomarse el viaje con tiempo para recorrer también su provincia, llena de pueblos con mucho encanto que siempre sorprenden al que se acerca a conocerlos por primera vez. Apenas a 35 kilómetros de la capital se encuentra uno de los menos conocidos, Garrovillas de Alconétar, una joya para los amantes del patrimonio histórico y del mundo rural más auténtico.

La primera curiosidad que hay que mencionar al hablar de esta villa extremeña es que, hasta el año 2001, se llamaba, simplemente, Garrovillas. Originalmente fue una pequeña aldea llamada Garro que surgió agregada a la que antaño fuera la capital de la comarca, Alconétar, más antigua. Sin embargo, se produjo un despoblamiento provocado por el traslado de los vecinos Garro, localidad que terminó convirtiéndose en villa gracias a los fueros reales que obtuvo de Alfonso X, tras la protección de las casas nobiliarias. 

Reunificadas las dos aldeas primigenias, Garrovillas de Alconétar es una villa superviviente del éxodo rural que vació tantos núcleos rurales de la España de interior en el siglo XX, aunque, quizá gracias a ello, también ha conservado casi intacto su patrimonio y su identidad. Forma parte de la red de Pueblos Mágicos y destaca, sobre todo, por el ambiente tradicional que recorre cada calle y cada rincón de la localidad, donde los modos de vida de antaño sobreviven como algo natural, siendo su visita todo un viaje en el tiempo.

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Plaza Garrovillas

Y ese viaje temporal se extiende muchos siglos atrás, pues la zona ha estado habitada desde la Prehistoria, como prueban los yacimientos de los dólmenes de Guadancil y Cerro Garrote. La población fue un paso determinante en la Vía de la Plata Romana, y de aquella época también se conserven vestigios, como el Puente de Alconétar o Puente Mantible, construido por Apolodoro de Damasco, arquitecto del emperador Trajano. 

Pero la joya de Garrovillas se encuentra en su centro neurálgico, la Plaza de la Constitución, levantada como playa mayor medieval siguiendo el esquema tradicional de plaza porticada a la que se abren viviendas tradicionales y edificaciones nobles. Es una de las más hermosas de toda España y tiene su propia personalidad, empezando por sus sorprendentes dimensiones, con más de 4.000 metros cuadrados.

De trazado irregular, a ella se abren 20 viviendas de dos plantas,  con la galería porticada de soportales de columnas de granito y arquerías de ladrillos en su planta baja, sobre la que se alzan galerías de ventanales con esbeltas columnas y arcos de medio punto. 

Hospederia

Hay mucho más que visitar y conocer en este pueblo, empezando por el interesante Museo Etnográfico situado en el antiguo silo donde conocer un poco mejor la historia más reciente de la villa a través de sus modos de vida tradicionales, aquellos que aún mantienen muchos de sus vecinos. Otros puntos de gran interés son el Palacio de los Condes de Alba de Liste -actual hospedería de cuatro estrellas-; el castillo de Floripes en pleno embalse de Alcántara; o el Convento de San Antonio de Padua, que a pesar de estar en ruinas es un monumento histórico de gran valor patrimonial, pues fue morada de los Reyes Católicos en 1497.

Ermitas, iglesias, miradores, parajes naturales... hay mucho que descubrir en este histórico pueblo no tan conocido en la provincia de Cáceres, y que bien se merece un desvío en cualquier viaje por la zona. Si se puede elegir cuándo acudir, no es mala idea hacerlo a mediados de febrero, cuando se celebran las fiestas de los almendros en flor.

Imágenes | Turismo Garrovillas

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