Enero suele venir acompañado de una necesidad casi instintiva de reajuste. Tras retirar la decoración navideña, muchas casas se perciben como más vacías o, al contrario, algo desordenadas. Las paredes, que durante semanas han quedado en segundo plano, vuelven a cobrar protagonismo.
En ese momento aparecen pequeños desequilibrios visuales que antes pasaban desapercibidos. Cuadros demasiado altos, composiciones que ya no encajan o láminas que han perdido fuerza con el paso del tiempo. No es un problema de estilo, sino de contexto, también de retos: de cómo queremos afrontar este nuevo año.
Por eso muchos interioristas recomiendan aprovechar enero para reordenar los cuadros. No implica gastar dinero ni cambiar piezas, pero sí ofrece una sensación clara de renovación, como si la casa se hubiera actualizado sin tocar el presupuesto.
Una luz más plomiza
Uno de los principales motivos es la luz. En invierno entra más baja y con menos intensidad, lo que altera cómo se perciben colores, sombras y volúmenes. Reubicar una lámina o cuadro permite aprovechar mejor esa luz y devolver protagonismo a piezas que habían quedado apagadas.
También es un buen momento para revisar las composiciones. Con los años, se tiende a añadir cuadros sin un criterio claro, acumulando estilos y tamaños. Enero invita a editar: retirar lo que ya no encaja, agrupar por gamas cromáticas o crear una narrativa más coherente en la pared.
La retirada de adornos navideños deja al descubierto zonas que antes estaban cubiertas. Guirnaldas, árboles o luces ocupaban espacio visual y, al desaparecer, los cuadros dejan una excelente oportunidad para arreglar todo aquello que pueda parecer descolocado o mal proporcionado dentro del conjunto.
Cristales sucios y láminas torcidas
Moverlos permite además detectar detalles que suelen pasarse por alto. Marcos desgastados, cristales sucios o láminas ligeramente torcidas se hacen evidentes durante este proceso y pueden corregirse sin esfuerzo añadido.
Desde un punto de vista práctico, los interioristas aconsejan empezar por el salón, seguir por pasillos o zonas de paso y terminar en dormitorios. Cada estancia necesita una composición distinta según su función y la forma en que se utiliza.
Reordenar cuadros también ayuda a equilibrar el espacio. Acercarlos, separarlos o cambiar alturas modifica la percepción de las paredes y puede hacer que una habitación parezca más amplia o más recogida.
Este pequeño ejercicio visual tiene un efecto inmediato. La casa parece, de repente, más ordenada, coherente y renovada, demostrando que a veces basta con mirar lo que ya se tiene desde otra perspectiva para conseguir un cambio real.
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