Albahaca sin fin: el método casero para tenerla todo el verano sin volver a comprarla

Cómo multiplicarla en casa con esquejes y mantenerla viva durante meses sin semillas

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Joana Costa

Editor

Tener una planta de albahaca en casa suele empezar con ilusión y acabar en tragedia botánica a las dos semanas. Hojas mustias, tallos blandos y esa sensación de que algo se ha hecho mal. Pero no siempre es culpa del riego o de la luz: a veces, el problema es no saber cómo multiplicarla y mantenerla en vida.

Ahora bien, no hace falta sembrar semillas ni comprar macetas nuevas cada mes. Existe una técnica sencilla, y bastante lógica, que permite alargar la vida de la albahaca durante toda la temporada, e incluso generar nuevas plantas a partir de una sola.

Multiplicación sin esfuerzo

El truco, que se ha popularizado en redes como Instagram a través de cuentas como @elisabeth_loncke, consiste en aprovechar los propios tallos de la planta para reproducirla en casa sin apenas esfuerzo ni inversión.

Hojas firmes

Todo empieza con algo tan básico como un manojo de albahaca fresca, de los que se venden en cualquier supermercado. No importa si viene en bolsa o envasada, pero sí conviene fijarse en que las hojas estén firmes y los tallos sanos, sin señales de moho ni deterioro.

A partir de ahí, el proceso es casi mecánico. Se seleccionan varios tallos, se retiran las hojas inferiores y se colocan en un vaso con agua, asegurándose de que solo el tallo quede sumergido. La planta necesita calor y luz, así que funciona mejor en una cocina luminosa o cerca de una ventana.

Con unos días de paciencia, y cierta constancia, empiezan a aparecer pequeñas raíces blancas en la base de los tallos. Es la señal de que el proceso ha funcionado. Algunos recomiendan mantener una temperatura estable, incluso acercando el recipiente a una fuente de calor suave.

Pexels Ron Lach 10048331

Traslado al exterior

Cuando las raíces ya tienen cierta longitud, llega el momento de pasarlas a tierra. En interior pueden mantenerse en macetas durante semanas, pero a partir de mayo, cuando desaparece el riesgo de heladas, lo habitual es trasladarlas a jardineras o al exterior.

En cuanto a cuidados, la albahaca no es especialmente exigente, pero tiene sus manías. Necesita riego frecuente sin encharcar y prefiere la luz indirecta antes que el sol directo, que puede quemar sus hojas con facilidad.

El detalle que marca la diferencia está en la poda. Cortar las hojas sin más acorta la vida de la planta. En cambio, si se recortan los tallos por encima de un par de hojas, la albahaca se ramifica y gana volumen. Es un gesto mínimo con efecto multiplicador.

Y ahí está la clave de todo: esos mismos tallos que se cortan pueden volver a colocarse en agua y generar nuevas plantas. Un ciclo continuo que convierte una simple compra en una pequeña despensa verde que se renueva sola, justo a tiempo para cuando apetece un pesto casero o unas hojas frescas sobre cualquier plato de verano.

Fotos | En Pexels: Pixabay y Ron Lach.

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