Ana Prieto, abuela cocinera: “Para que las albóndigas queden jugosas, es importante que el pan rallado sea casero”

Es un detalle que parece sin importancia, pero que puede marcar la diferencia entre unas albóndigas resecas o muy jugosas y tiernas

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Liliana Fuchs

Editor

A los más veteranos de las redes culinarias les sonará el nombre de Ana María Prieto, más conocida como Las recetas de mamá, título de uno de los blogs de cocina pioneros de nuestro país en conquistar a decenas de miles de seguidores. Todo gracias a algo tan humilde como el deseo de compartir con su hijo emancipado las recetas de su casa en Córdoba. Y pocas cosas más caseras hay que un buen plato de albóndigas en salsa.

Cada familia tiene su receta fetiche, esa que, si tenemos suerte, heredamos de nuestras madres y abuelas. Ana Prieto recoge la tradición y las enseñanzas que le han dejado sus antepasados y también la propia tradición de su tierra, todo unido a las enseñanzas que toda una vida cocinando para la familia sabe dar. Con trucos y consejos como algo clave para lograr que las albóndigas queden jugosas.

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“Para que las albóndigas queden jugosas, es importante que el pan rallado sea casero, porque el industrial es demasiado seco, casi harina”, nos cuenta en su receta de albóndigas con tomate. “A mí me gusta que sea del día anterior, pero se puede rallar también pan fresco del día”. Hacer pan rallado casero es facilísimo, nos permite aprovechar las sobras y, encima, la diferencia con el resultado final es más que notable.

Recordemos que el pan rallado industrial no es realmente pan rallado "de verdad", pues se hace directamente para este fin, sin pasar antes por la fase de pan horneado. Es insípido, seco, soso y, como dice Prieto, casi parece harina cruda.

En su receta, la cocinera nos recomienda además pedir en la carnicería que nos piquen la carne al momento si no tenemos picadora en casa, y hace la masa de las albóndigas con carne de cerdo picada o mitad cerdo, mitad ternera, el pan rallado, huevos, perejil y sal; el ajo prefiere reservarlo para la salsa de tomate que prepara simplemente añadiendo tomate triturado a unos dientes dorados en aceite, dejando que reduzca bien.

Y tiene otro truco: pasar las albóndigas recién formadas por vino blanco justo antes de freírlas. Una vez doradas, las pasa a una cazuela, echa ese vino en la misma y deja que se evapore por completo, añade la salsa de tomate y cocina todo unos cinco minutos más con sal y pimienta. Y listas para tomar con patatas fritas, el clásico arroz blanco o lo que apetezca. Y buen pan, como la propia Prieto nos apunta al final.

Imagen | Las recetas de mamá

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