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Descubre el trigo Kernza, el nuevo supergrano

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La agricultura sostenible es aquella que busca realizarse sin degradar la tierra, el medio ambiente o las personas, contribuyendo a largo plazo a mejorar la calidad ambiental y los recursos básicos de los cuales depende la agricultura y, por tanto, en última instancia, de toda la sociedad.

Para conseguirlo, hay que combinar: tecnologías, políticas y actividades, basándose en principios económicos y ecológicos, a fin de mantener o incrementar la producción agrícola en los niveles necesarios para satisfacer las crecientes necesidades y aspiraciones de la población mundial en aumento, pero sin degradar el medio ambiente.

La oferta de alimentos sanos y seguros a un costo razonable de los sistemas de producción son, por tanto, los objetivos de la agricultura sostenible. Un paso adelante para conseguir estos objetivos es Kernza, una variedad de trigo que promueve la agricultura más sostenible pues lucha contra el cambio climático al tratarse de un grano perenne, a diferencia de la mayoría de granos comestibles, como el trigo o la cebada.

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¿Qué significa que Kernza sea un grano perenne?

Básicamente que no es necesario arar anualmente los campos donde se cultiva, una práctica que erosiona el terreno y libera carbono a la atmósfera. Casi todos los cultivos actuales son anuales, es decir cultivos que se plantan a partir de semillas que crecen hasta la madurez, producen semillas o frutas y luego mueren, todo en un solo año. Estos cultivos representan el 85% de la totalidad de cultivos a nivel mundial.

Para que estas plantas anuales crezcan con éxito, los agricultores tienen que suprimir toda la vegetación (malezas) que compite con los cultivos por la luz solar, nutrientes y agua, especialmente cuando los cultivos son plántulas. Durante milenios, los agricultores han utilizado instrumentos tales como azadas y arados para eliminar esa vegetación antes de sembrar las plantas anuales.

Esta alteración del suelo ha causado una significativa pérdida de carbono (que termina en la atmósfera en forma de CO2), la erosión del suelo, pérdida de nutrientes y cambios en los organismos del suelo. Recientemente, algunos agricultores en el mundo desarrollado han sustituido la dependencia de la labranza con herbicidas químicos.

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Este cambio en "siembra directa" de cultivo reduce la erosión y tiende a mejorar la materia orgánica del suelo, pero aún así puede resultar que se pierdan sustancias nutritivas, que los niveles de carbono orgánico del suelo sean bajos y la dependencia de los derivados de combustibles fósiles que llevan los posibles riesgos para la salud.

Los cultivos perennes, que normalmente tienen una vida útil de mas de 5 años continuos, son normalmente mejores competidores que los cultivos anuales, especialmente en condiciones de cultivo pobres. Esto se debe a que poseen un mayor sistema radicular que desarrolla unas raíces profundas, lo que permite que puedan acceder al agua y a los nutrientes del subsuelo con más facilidad, pues pueden llegar a hundirse en la tierra de 3 a 6 metros.

Ventajas de los cultivos perennes

Las plantas perennes no tienen que ser replantadas cada año, por lo que no requieren que se tenga que arar la tierra o el uso de herbicidas. Este tipo de cultivos protegen el suelo de la erosión y mejoran la estructura del suelo. Aumentan la retención de nutrientes del ecosistema, el secuestro de carbono, y la infiltración del agua, y pueden contribuir a la adaptación al cambio climático y su mitigación. En general, ayudan a garantizar la seguridad alimentaria y del agua en el largo plazo.

Muchos cultivos de frutas, forraje y algunos cultivos de hortalizas, incluyendo árboles frutales, alfalfa, uvas, espárragos y olivos, son perennes que han sido cultivados desde hace miles de años. Actualmente se está trabajando para agregar a esta lista los granos perennes, como el Kernza, legumbres y semillas oleaginosas, que representan una variedades cambio de paradigma en la agricultura moderna y tienen un gran potencial para los sistemas de producción verdaderamente sostenibles.

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Kernza ¿el alimento del futuro?

Arroz, trigo o maíz son el alimento diario de la gran mayoría de humanidad. Son cultivos que deben ser replantados cada año, lo que supone un gasto desorbitado de agua, fertilizantes y, también, pesticidas y herbicidas, para poder garantizar que esa porción de tierra continuará siendo productiva año tras año. Ese laboreo constante hace que el suelo se degrade lentamente, por eso en los últimos años se ha prestado especial atención a algunos de los granos perennes que se encuentran en la naturaleza.

Los investigadores del Land Institute en Kansas, un centro de investigación sin ánimo de lucro, son los que lideran estos trabajos sobre cultivos perennes y los que han desarrollado esta variedad de trigo perenne llamada Kernza que patentaron el 2003, un híbrido que se consigue al cruzar distintos trigos, con unos niveles más altos de ácido fólico, calcio, luteína, fibra, ácidos grasos omega-3, selenio y vitamina B-6 que el trigo integral, y con un contenido relativamente bajo de gluten.

El trigo Kernza, al tratarse de un cultivo perenne, desarrolla un profundo sistema de raíces, que penetran en el suelo con mucha más profundidad que las plantas anuales en busca de agua. Como resultado, puede ayudar a controlar la erosión del suelo y reducir el escurrimiento del agua. También a diferencia de las anuales, que agotan la materia orgánica del suelo y requieren mayores consumos de pesticidas y fertilizantes, esta variedad crece en mayor armonía con su ecosistema circundante, pues coexiste muy bien con especies de plantas nativas.

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En la agricultura tradicional, el cultivo se reinicia cada año, se erradica completamente toda la vida vegetal sobre el suelo de un campo y se vuelve a empezar desde cero. En el caso de este grano, se trata de imitar lo que hace la propia naturaleza, como el trigo Kernza no muere después de la cosecha, las plantas crecen durante todo el año y continúan absorbiendo carbono.

¿Cuáles son los inconvenientes?

El trigo Kernza tiene menos gluten que otros granos (sus niveles son similares a lo que contiene la harina de cebada) lo que lo convierte en un ingrediente difícil para el pan, que es como la mayoría de gente consume el trigo. Por otra parte, el tamaño de sus granos son una cuarta parte menores que los granos del trigo convencional, lo que dificulta su transformación en harina y su posterior comercialización pues el equipamiento industrial para moler trigo no sirve para el Kernza.

Además, para que sea rentable y medioambientalmente atractivo, tiene que ser un alimento que los consumidores quieran comer. Eso implica la necesidad de que sea delicioso, por eso chefs, panaderos y empresas de alcohol (básicamente cerveceras y destilerías de whisky) comienzan a explorar sus posibilidades alimentarias.

El restaurante ecológico The Perennial, en San Francisco, lo utiliza para elaborar sus panes. Una empresa de noodles de Minneapolis, hace fetuccinis de Kernza, que quedan de un intenso color amarillo y con un delicioso sabor a nuez. La destilería Ventura Spirits Company comercializa un whisky a base de este grano. Y Long Root Ale comercializa una cerveza con sabor a malta y un toque de pomelo, siendo el primer producto comercial hecho de Kernza. Magdalenas, panes y bebidas alcohólicas hechas de Kernza comienzan a circular en Estados Unidos. ¿Cuánto tardarán en llegar a nuestro país?

Son innegables los avances tecnológicos de la sociedad, pero es evidente que todavía nos falta mucho por explorar para aprovechar todo el potencial que representan los cultivos perennes como el del trigo Kernza. Según los investigadores que lo han desarrollado, pueden pasar más de diez años antes de que se haya perfeccionado como cultivo para reemplazar el trigo anual, pero impresiona pensar que es un paso importante para encontrar una solución a los problemas sociales y medioambientales, como el hambre, la contaminación o el calentamiento global.

Fuente | El País
Imágenes | Facebook
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