Durante las fiestas, la campana extractora suele trabajar al límite. Fritos, asados largos y cocciones intensas generan una cantidad de grasa que se va depositando poco a poco, pero sin pausa, en filtros, superficies y conductos. Aunque no siempre sea visible, esa acumulación afecta tanto al rendimiento como al olor general de la cocina.
Las primeras semanas de enero son un buen momento para ponerla a punto. No solo por una cuestión estética, sino porque una campana sucia pierde capacidad de aspiración y acaba devolviendo al ambiente parte de la grasa y los olores que debería eliminar. Limpiarla a fondo no requiere productos especiales ni mucho tiempo, solo seguir un orden lógico.
Antes de empezar, conviene desconectar la campana por seguridad. El primer paso es retirar los filtros metálicos, que son los que más grasa concentran. En la mayoría de modelos se extraen fácilmente y están diseñados para limpiarse sin problemas.
Estos filtros pueden lavarse a mano o en el lavavajillas. Como recomendación extra, un remojo previo en agua muy caliente con detergente desengrasante ayuda a ablandar la grasa incrustada. Tras unos minutos, basta frotar suavemente con un cepillo o estropajo no abrasivo para devolverles el aspecto original.
Esponja humedecida y jabón
Mientras los filtros se secan, toca ocuparse del interior de la campana. Con una esponja humedecida en agua caliente y detergente, se elimina la película aceitosa que se forma tras semanas de uso intenso. Es importante no empapar la zona y trabajar con movimientos controlados.
Para la grasa más resistente, una buena opción es el vinagre caliente diluido en agua, ya que funciona como remedio eficaz. Aplicado con un paño, ayuda a cortar la grasa sin dañar superficies de acero inoxidable ni dejar residuos. Después, conviene aclarar y secar para evitar marcas.
Los botones, bordes y juntas suelen acumular suciedad sin que se note a simple vista. Un cepillo pequeño o un cepillo de dientes viejo facilita llegar a esas ranuras donde la grasa se mezcla con polvo y acaba endureciéndose.
Una vez que los filtros están completamente secos, se colocan de nuevo en su sitio. Este paso es clave para que la campana vuelva a aspirar correctamente y no genere ruidos extraños por mala colocación.
Si la grasa llevaba mucho tiempo acumulada, puede ser necesario repetir el proceso en alguna zona concreta, comprobando siempre que la campana queda sin grasa al tacto. Aun así, con una limpieza a fondo tras las fiestas, el mantenimiento posterior resulta mucho más sencillo.
Más allá del ritual post-Navidad, incorporar esta rutina una o dos veces al año mejora el rendimiento de la campana, evita olores persistentes y alarga la vida útil del aparato, especialmente tras periodos de cocinas concentradas de caldos y guisos. Es un gesto doméstico que se nota en el día a día, especialmente después de un periodo de uso intensivo como las fiestas.
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