Parecen italianas, pero son inglesas y son unas galletas tan fáciles de hacer como resultonas para cualquier merienda

Pasas y mantequilla protagonizan este idilio resultón y muy british con algo de acento transalpino

Mesa De Trabajo 1
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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Dependiendo de tu origen, la palabra Garibaldi puede llevarte a escenarios muy distintos: para algunos, seguro que suena música de orquesta y aquella famosa canción de “la ventanita del amor”; para otros, si son mexicanos, es bastante posible que les recuerde a la plaza Garibaldi, una de las más importantes de Ciudad de México; y para quienes conserven algo de historia de su época estudiantil, quizá el nombre les evoque a Giuseppe Garibaldi, el legendario militar italiano que contribuyó, en parte, a la unificación del país a finales del siglo XIX. 

Precisamente a él aluden estas galletas, que en realidad son inglesas y no italianas, aunque fue un pastelero escocés quien tuvo a bien idearlas como homenaje al paso del propio Garibaldi por las islas británicas. Con el tiempo, acabaron convirtiéndose en una receta bastante icónica de la repostería británica, a base de masa y pasas, como son estas Garibaldi biscuits.

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En este caso, como decimos, no hablamos de una elaboración especialmente compleja: permite tener unas galletas caseras, con una buena cantidad de mantequilla, listas en apenas una hora, y capaces de sacarte de más de un apuro tanto para una merienda como para un desayuno. Además, este tipo de masas tiene muy poca complicación y el resultado suele ser inmejorable.

Lo primero es tener la mantequilla bien blanda y el huevo a temperatura ambiente. A partir de ahí, basta con batir la mantequilla con el azúcar glas usando una batidora de varillas, hasta obtener una mezcla cremosa; si no tienes, puedes hacerlo a mano, aunque requiere algo más de esfuerzo. 

Cuando la mezcla esté bien aireada, añade el huevo y vuelve a batir hasta que quede todo homogéneo. Después incorpora la harina tamizada, una pizca de sal y las pasas, mezclando con suavidad y evitando movimientos bruscos, hasta lograr una masa uniforme. 

En ese punto, coloca una lámina de film sobre la encimera, pon la masa encima, cúbrela con otra lámina y estírala bien, formando un rectángulo plano. Llévala a la nevera y deja que enfríe al menos tres horas.

Pasado ese tiempo, precalienta el horno y prepara una bandeja con papel de hornear. Saca la masa, retira el film y colócala sobre el papel; estírala de nuevo hasta que quede finita, de no más de 4 mm. 

A continuación, transfiere la masa con el propio papel a la bandeja y hornéala entre 10 y 14 minutos, lo justo para que adquiera un ligero tono dorado: no conviene pasarse, porque buscamos una galleta tierna, y los bordes —cuando se vean un poco más oscuros— serán la mejor señal. 

Por último, sácala del horno, deja que enfríe unos minutos y ya tendrás listas tus Garibaldi biscuits para sorprender a todos con una elección que mezcla historia, recuerdos y, por qué no, un puntito de verbena popular.

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