Vaya por delante que, como no nos cansamos de repetir, para llevar una dieta saludable de poco sirve contar calorías: lo único que realmente funciona es seguir unos hábitos que nos hagan priorizar la ingesta de alimentos buenos por encima de los que no lo son tanto o no lo son en absoluto.
La pasta, por desgracia, cae en el lado de los alimentos que, realmente, no son muy saludables. Dado que la pasta integral suele ser horrible, hablamos de un alimento rico en carbohidratos refinados que, como el pan, solemos comer en cantidades poco recomendables.
Esto no quiere decir que tengamos que dejar de comer pasta, pero podemos no comerla tantos días, no comerla en raciones gigantescas –en España acostumbramos a servirla en cantidades mucho mayores que las que son normal en Italia– y no combinarla siempre con chorizo o tomate frito.
En el recetario italiano (también en el asiático), hay multitud de platos de pasta con verduras, que, en el plano nutricional, suman más de lo que restan.
Es el caso de la pasta con brócoli, una forma muy sencilla y rica de incorporar de otra forma la hortaliza a nuestra dieta. Basta mezclar brócoli rehogado con ajo y pimentón con la pasta que más te guste para tener un plato que está listo en menos de 15 minutos y resulta una cena perfecta.
Esa es la versión simple, pero también le va genial un añadido típicamente italiano: la anchoas. Si añades estas junto al ajo laminado, antes de rehogar el brócoli, se van a deshacer y le van a dar un sabor a todo el plato increíble, actuando además a modo de salsa. Si te gusta el picante, añade también una cayena y estarás en la gloria.
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