Aunque Lleida y Girona son las provincias que más visitantes atraen cuando se acude a los Pirineos, también Barcelona cuenta en su zona norte con una porción de esta cordillera, y está llena de rincones con encanto. Allí, en a la región de Alto Berguedá, encontramos el pequeño pueblo de Castellar de N'Hug, uno de los más pintorescos y bellos no ya solo de Barcelona, sino de todo el pirineo catalán, y uno de los más bonitos de España.
Tal título lo recibió nada menos que de las manos del Ministerio de Turismo en 1984, y en 2018 fue nombrado Poble amb Encant por la la Agencia Catalana de Turismo. Una auténtica villa montañosa y pirenaica que se extiende ocupando el irregular terreno de la sierra adaptando estrechas calles y viviendas rústicas a los escarpes de la montaña.
Una parte del topónimo aparece ya en el acta de consagración de la catedral de Urgell, Kastellare, en los siglos X-XI, aunque se desconoce de dónde pudo provenir el nombre de Hug. A mediados del siglo XI se produjo una repoblación de la zona, que propició el desarrollo de pequeños núcleos de población gracias al que se estableció un vizcondado dependiente de los condes de Cerdaña. Durante la Edad Media el territorio creció con cierta prosperidad, levantándose numerosas iglesias románicas y ya en en el siglo XVII se convirtió en un punto estratégico en la frontera con Francia tras la pérdida de territorios de la monarquía española.
Avanzado el siglo XX el pueblo ha recuperado su esplendor sin traicionar la esencia tradicional de sus señas de identidad, con viviendas restauradas y bien conservadas que hoy se utilizan como segunda residencia o tienen una nueva vida gracias al florecimiento del turismo rural y activo que se ha promovido en toda la región.
Situado a 1395 metros de altitud y con apenas unos 166 habitantes censados, Castellar de N'Hug está formado por un núcleo principal, Santa María, y dos arrabales, La Ribera y l'Erola, separdos entre sí pero formando un caserío bien apiñado que deja espacio libre para las tierras de labranza, muy codiciadas en un terreno montañoso tan irregular.
Irregulares son también las calles estrechas que discurren por el pueblo, empedradas como las viviendas tradicionales que apenas tienen una o dos plantas con paramentos de piedra vista o enfoscados, al estilo pirenaico, con cubiertas de teja de la zona de dos o cuatro vertientes. Recorrer sus calles es perderse en una aldea llena de encanto que parece llevarnos a algún cuento o épocas pasadas, un efecto que cobra mayor impacto al contemplar el paisaje que rodea la villa, que parece fundirse con él y regala impresionantes vistas en varios miradores.
Es imprescindible pasear con calma el casco histórico prestando atención a todos los detalles, visitando la plaza de la Generalitat, la Plaza Mayor y la curiosa iglesia románica de Santa María de N’Hug con su característico campanario. También son visitas recomendadas el Museo del Pastor, el Museo del Cemento, el antiguo lavadero público y el viejo molino reconvertido en pequeña central hidroeléctrica, y el cercano y puente de la Farga Vella.
Además, como no podía ser menos, ninguna visita a este pueblo estaría completa sin prestar atención al entorno, pues se encuentra en plena cuenca del Llobregat, junto a su nacimiento. En función de la época del año se pueden planificar distintas actividades de naturaleza y ocio al aire libre, desde el esquí en invierno, hasta excursiones, senderismo y rutas en bicicleta cuando el tiempo acompaña.
Son muy famosas las Fuentes del Llobregat, donde nace el río barcelonés, que se abren a los pies de Castellar de N'Hug, todo un espectáculo natural de agua rodeado de vegetación que ofrece visiones distintas a lo largo del año. Y como última curiosidad, hay que destacar el Concurso Internacional de Perros Pastores que desde 1962 se celebra el último domingo de agosto. Todo un evento único que merece la pena vivir en directo.
Imágenes | Turismo Castellar de n'Hug - espinya