En los pueblos pequeños, perder un bar puede significar bastante más que quedarse sin un lugar donde tomar un café. También supone perder uno de esos espacios en los que se mezclan generaciones, se intercambian noticias y se mantiene buena parte de la vida social diaria.
Eso es precisamente lo que ocurrió en Pietramontecorvino, una localidad italiana de la provincia de Foggia con algo más de 2.000 habitantes. Allí, el pasado 26 de enero, cerró sus puertas el histórico Bar Caffè Basile después de 138 años de actividad.
El establecimiento llevaba abierto desde 1888 y durante todo ese tiempo se había convertido en una pequeña institución local. Más allá de servir cafés o bebidas, era uno de esos lugares donde los vecinos coincidían, charlaban y mantenían una rutina común.
Su desaparición dejó un vacío que pronto empezó a sentirse en el municipio. Donde antes había mesas ocupadas, conversaciones, saludos y el ruido de la cafetera, de repente quedó un espacio cerrado y silencioso.
Los vecinos no tardaron demasiado en reaccionar. La asociación Dalla parte dei paesi recogió las peticiones de quienes no querían resignarse a perder el local y puso en marcha un proyecto para recuperarlo, como explican desde Foggia Today.
La iniciativa encontró además el respaldo del Ayuntamiento de Pietramontecorvino, que decidió apoyar la reapertura. El objetivo no era simplemente devolver al pueblo un bar, sino recuperar uno de sus principales espacios de convivencia.
La nueva etapa llegará bajo el nombre de Ce vedeme o’ cafè, una expresión que puede traducirse como "Nos vemos en el café". La intención es que vuelva a funcionar como punto de reunión, pero con una concepción más amplia que la de un establecimiento hostelero convencional.
De café a proyecto rural común
El proyecto plantea convertirlo en una especie de plaza comunitaria cubierta. Habrá mobiliario compartido, juegos, libros y pequeñas actividades culturales, todo ello con una gestión colectiva destinada a mantener vivo el espacio, cuentan desde L'Inmediato.
La idea enlaza con otras iniciativas europeas que intentan evitar que los pequeños municipios pierdan servicios esenciales. Uno de los referentes citados es el programa francés 1000 Café, que trabaja en la recuperación de bares en localidades rurales donde estos establecimientos habían desaparecido.
En Pietramontecorvino, sin embargo, el proyecto tiene además un componente sentimental. El Bar Caffè Basile forma parte de la historia del pueblo desde finales del siglo XIX.
Fue Aniello Basile quien comenzó la aventura en 1888. Con el tiempo decidió ampliar la oferta y llegó a viajar hasta Nápoles para aprender los secretos de la elaboración del helado artesanal, que después llevó también a su establecimiento.
Generación tras generación, el café fue consolidándose como uno de los lugares más reconocibles del municipio. Los últimos responsables antes del cierre fueron Nicola y Lucia, quienes mantuvieron viva la actividad hasta comienzos de este año, aclaran desde La Repubblica.
La reapertura pretende devolver al municipio algo más que un negocio. Busca recuperar un espacio donde verse, conversar y compartir tiempo en un contexto en el que muchos pequeños pueblos europeos luchan contra la pérdida de servicios y de población.
De ahí el lema que acompaña el proyecto: "Los pequeños pueblos merecemos existir". Una frase que resume la filosofía de una iniciativa nacida no de una gran empresa ni de una cadena hostelera, sino de los propios vecinos que se negaron a aceptar que una parte de la vida cotidiana de su pueblo desapareciera definitivamente.