
Usadas desde antaño para sazonar platos y adornarlos, las hierbas comestibles están cobrando importancia en la cocina de vanguardia, por el sabor fresco que aportan a los platos y sobre todo por los toques exóticos y las reminiscencias naturales que sugieren.
La mayoría de ellas pueden usarse en ensaladas, pero si resultan muy fuertes o amargas, lo mejor es cocerlas y aprovecharlas para hacer caldos.
Algunas sobre todo cuando pasan por la etapa de ser brotes jóvenes, son una delicatessen añadida a las tortillas o a los revueltos de huevo, sólo hay que tener en cuenta que al igual que las setas, las plantas silvestres pueden ser venenosas, por eso lo mejor es adquirirlas en un establecimiento de confianza.
Las más conocidas son, el trébol, sus hojas se usan en ensaladas o cocidas, las semillas para dar sabor al pan; El berro, es una hierba silvestre, acuática, su mejor época es abril, pone un toque picante a las ensaladas; Acedera, hierba silvestre de las zonas templadas, su mejor momento es primavera y verano, se suele usar para condimentar platos y mezclada con otras especias.







En mi familia siempre hubo un gusto especial por la cocina francesa y uno de los ingredientes que aprendí a apreciar en la cocina desde hace mucho tiempo son las Herbes de Provence (hierbas de la Provenza).