Los maestros heladeros lo saben bien: da igual si haces el mejor helado del mundo, si no lo sirves a la temperatura correcta, lo estarás arruinando. Qué decepción es tener antojo de un cremoso helado y encontrarte al abrir la tarrina con una masa dura que más bien parece hormigón armado. Si no tienes paciencia para esperar, hay trucos para conseguir ablandarlo fácilmente.
Ojo, ablandarlo está bien, pero el riesgo está en pasarnos de frenada y que quede demasiado derretido y blandurrio, convirtiéndose más bien en un puré o casi un batido. Hay gente que lo prefiere tomar así, como si fuera una papilla, pero nosotros queremos servir bolas o quenelles cremosas, suaves, maleables pero aún algo firmes, de textura sedosa. Solo entonces disfrutaremos al máximo de todas las propiedades del helado, ya sea casero o comprado.
Hay diferencias entre ambos, porque lo normal es que nuestro helado casero esté mucho más duro y tarde más en reblandecerse que el comercial. Los helados industriales trabajan con procesos y aditivos que consiguen mantener una textura más blanda, sin endurecerse del todo, y aceleran la capacidad de derretirse; incluso los artesanos profesionales, aunque no lleven aditivos para la textura o anticongelantes, serán más blandos.
Ten esto en cuenta a la hora de planificar el tiempo del que dispones para lograr esa textura ideal para sacar bolas sin romperte la muñeca con el funderelele.
Formas de ablandar el helado en casa
A temperatura ambiente
Es la que todos usamos y la menos recomendable si tenemos mucha prisa o si hace mucho calor. En una cocina de invierno —en mi casa tomamos siempre helado de postre en Nochevieja— tardará un buen rato en reblandecerse, pero en el tórrido verano puedes acabar con un envase chorreando y derretido por los lados mientras la parte central interior aún sigue demasiado duro. Es el más cómodo y fácil, eso sí.
En la nevera
Es el mismo método que se recomienda para descongelar cualquier alimento, platos cocinados o productos crudos como carne y pescado. Tiene muchas ventajas, como mantener la cadena de frío, evitar posibles riesgos sanitarios o atraer insectos, pero su mayor baza está en que evita los choques térmicos.
Dejando el helado una media hora en la parte menos fría de la nevera consigues que se estabilice la temperatura de manera más homogénea, logrando una textura blanda uniforme en toda la masa. Es el mejor sistema, pero no muy apto para impacientes o antojos repentinos.
Con un cuchillo caliente
Esta técnica que aprendimos de ATK requiere algo de maña, pero es muy efectiva. Coge un cuchillo afilado, pásalo por el grifo de agua caliente, escúrrelo y haz cortes en la superficie del helado en forma de rejilla o de ajedrezado, con una profundidad de unos 2,5 cm.
Sirve el helado directamente calentando también el sacabolas con agua caliente, aprovechando el patrón de rejilla que has hecho y que habrá ablandado toda la zona. Cuando llegues al nivel inferior que seguirá duro, repite el proceso si es necesario para servir más raciones.
Agua caliente
Es el truco que usamos para desmoldar polos pero aplicado a la tarrina completa. Calienta agua, sin pasarte —que puedas meter el dedo sin quemarte— en un recipiente donde puedas introducir el envase del helado para sumergirlo por completo, y espera unos minutos.
Hay dos inconvenientes: si el envase no es totalmente hermético, podrías introducir agua dentro y arruinar el helado; y si te pasas de tiempo, se derretirá demasiado. Puedes sumergirlo hasta casi el borde con la tapa abierta —con cuidado— y así comprobar el punto sobre la marcha.
Con el microondas
Es el método más rápido perfecto para impacientes, pero también el más impreciso, sobre todo si no dominas bien los tiempos y la potencia de tu aparato. Ponlo en práctica solo bajo tu propio riesgo y practicando antes de servir helado a invitados.
Lo importante es usar el aparato a mitad de su potencia, y probar en tandas de 10 segundos. Verás que empieza a derretirse antes por los bordes, por lo que conviene remover bien toda la superficie para mezclar las zonas ya blandas con el resto. Es un poco como cuando calientas un plato de comida, en tiempos cortos y removiendo, para distribuir bien el calor.
El punto ideal para servir un helado en su textura cremosa sacando bolas que no se derriten es cuando el helado ronda los -13 °C/ -10 °C, o cuando puedes formar una hendidura en el centro de medio centímetro presionando suavemente con el dedo.
Imágenes | Magnific/valeria_aksakova